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Helena Petrovna Blavatsky

Helena Petrovna Blavatsky

Helena Petrovna Hann nació prematuramente en la medianoche entre el 30 y el 31 de julio (según el calendario ruso el 12 de agosto) de 1831, en Ekaterinoslav, provincia de Ekaterinoslav, al sur de Rusia. Algunos extraños incidentes que ocurrieron a la hora de su nacimiento y en ocasión de su bautismo, hicieron que la servidumbre le presagiara una existencia tormentosa.

Fue una niña indomable, descendiente de una larga línea de hombres y mujeres poderosos y altivos. La historia de su linaje es la historia de Rusia.

Helena fue una rebelde y desde su niñez se burló firmemente de los convencionalismos, aunque ella era lo suficientemente sensitiva como para comprender que sus acciones no debían afectar a su familia ni herir su honor. Su padre el Capitán Peter Hahn, descendía de los viejos Cruzados de Mecklenburg, los Rottenstern Hans. Debido a que su madre, una ilustrada literata, murió cuando ella tenía once años, Helena pasó su niñez con sus abuelos, los Fadéef, en una vieja e inmensa mansión en Saratov que cobijaba a muchos miembros de la familia y a numerosos criados y asistentes por ser su abuelo Fadéef, gobernador de la provincia de Saratov.

La naturaleza de Helena estaba fuertemente imbuida con una innata capacidad psíquica, tan poderosa que indudablemente constituía su más predominante característica. Ella sostenía y demostraba que tenía habilidad para comunicarse con los moradores de los mundos sutiles e invisibles y con los seres que para nosotros están “muertos”. Esta capacidad natural fue posteriormente disciplinada y desarrollada a través de toda su vida. Su educación sufrió la influencia de la posición social de su familia y de los factores culturales imperantes. Así ella fue una hábil lingüista y una brillante música, adquirió sentido científico y experiencia a través de su culta abuela y heredó las facultades literarias que caracterizaban a la familia.


En 1848, a la edad de 17 años, Helena contrajo matrimonio con el General Nicephore V. Blavatsky, gobernador de la provincia de Erivan, hombre ya entrado en años. Existen diversas versiones referentes al por qué de este casamiento, pero lo que se hizo evidente desde un primer momento fue que esta unión no agradó a Helena, pues después de tres meses ella abandonó a su marido y huyó a la casa de sus familiares, quienes la enviaron a su padre. Temerosa de que se la obligara a regresar con el General Blavatsky, volvió a escaparse, comenzando así sus años de vagabundeo y aventuras. A pesar de ello su padre mantuvo contacto con ella y la ayudó financieramente. Ella se mantuvo alejada de Rusia el tiempo necesario como para hacer que la separación de su esposo fuera legal.


En 1851 Helena, ahora Madame Blavatsky o HPB, encontró por primera vez físicamente a su Maestro, el Hermano Mayor o Adepto, que había sido siempre su protector y la había preservado de daños mayores en sus aventuras juveniles. Cuenta Mario Rosso de Luna en su libro “Helena Petrovna Blavatsky”:





“... a propósito de la vivísima curiosidad que le acometió de ver el retrato de un antepasado de la familia, que estaba en el castillo de Saratow, donde vivía su abuelo, tapado con una cortinilla. Pendía de la pared a mucha altura del suelo en un aposento de elevado techo, y la señorita Hann era entonces un renacuajo, aunque muy resuelta cuando se le asentaba un propósito entre ceja y ceja. Le habían negado permiso para ver el cuadro, por lo que esperó la ocasión de quedarse sola para realizar su deseo. Arrimó una mesa a la pared; puso encima otra mesa más pequeña, y por remate una silla. encaramándose después poco a poco a tan inestable edificio. Desde aquella ventajosa posición pudo alcanzar el cuadro, y apoyándose con una mano contra la polvorienta pared, descorrió con la otra la cortina. Sobresaltándose al ver el cuadro, y con el movimiento que hizo se derrumbó la deleznable tarima. Ni la mismísima señorita Hann se dio cuenta de lo ocurrido. Perdió el conocimiento al tambalear y caer, y al recobrarlo se halló tendida en el suelo sin daño alguno, las mesas y la silla en el mismo sitio de donde ella las había sacado, y corrida de nuevo la cortinilla del cuadro. Hubiera creído que todo era un sueño, a no ser porque en la pared, junto al cuadro, quedaba impresa en el polvo la huella de su manecita. También parece que en otra ocasión, cuando tenía catorce años salvó la vida en singulares circunstancias. El caballo que montaba lanzóla de la silla y al caer se le enredó el pie en el estribo; según dijo ella, debió haber muerto antes de que pudieran detener al caballo, a no ser por una extraña forma que distintamente notó en su rededor y parecía sostenerla en el aire a despecho de la gravitación.”



A  partir de ese momento ella se convirtió en fiel discípula de su Maestro. Bajo Su guía aprendió a controlar las fuerzas a las cuales se encontraba sometida en razón de su excepcional naturaleza. Esta conducción la llevó a través de experiencias de extraordinaria variedad dentro de los dominios de la magia y del ocultismo. Ella aprendió a recibir mensajes de sus Maestros y a transmitirlos a sus destinatarios, eludiendo cada peligro y mala interpretación en su camino. Seguir el rastro de sus peregrinajes durante el período de su aprendizaje, es verla a ella trabajando a través de todo el mundo. Parte de este tiempo lo pasó en las regiones del Himalaya, estudiando en monasterios en los cuales se han preservado las enseñanzas de algunos de los más eruditos y espirituales Maestros de los tiempos pasados. Ella estudió la Vida y las Leyes de los mundos internos y las reglas que deben cumplirse para ganar el acceso a los mismos. Como testimonio de esta etapa de su entrenamiento esotérico, nos ha dejado una exquisita versión de axiomas espirituales en su libro La Voz del Silencio.

En 1873, HPB fue a los Estados Unidos de Norteamérica para realizar la obra que le había sido encomendada. Para cualquier espíritu menos valeroso, esto hubiera parecido irrealizable, pero ella, una desconocida mujer rusa, irrumpió en el movimiento Espiritista que entonces conmovía tan profundamente a América y en menor grado a otros países. Las mentes científicas estaban ansiosas de descubrir el significado de los extraños fenómenos y les resultaba difícil encontrar el camino en el enorme conjunto de fraudes y engaños existentes.

 De dos maneras trató HPB de hallar una explicación a los mismos:

1. Por la demostración práctica de sus propios poderes

2. Declarando que existía un antiquísimo conocimiento de las más profundas leyes de la vida, estudiado y preservado por aquellos que podían usarlo con seguridad y para realizar el bien, seres que en sus más altos rangos recibían la denominación de “Maestros”, aunque también otros títulos eran usados por Ellos, como ser Adeptos, Chohans, Hermanos Mayores, la Jerarquía Oculta, etc.

 Para substanciar sus declaraciones, HPB escribió Isis sin Velo, en 1877 y La Doctrina Secreta en 1888, obras ambas transmitidas a ella por los Maestros.

En Isis sin Velo arrojó valerosamente el peso de la evidencia recogida por ella en las escrituras del mundo y otros registros, en los aspectos relativos a la ortodoxia religiosa, el materialismo científico, las creencias ciegas, el escepticismo y la ignorancia.

Ella tropezó con la injuria, pero el pensamiento del mundo fue iluminado.



"Nos sentimos perplejos ante el misterio de nuestra propia creación, y ante los enigmas de la vida que no queremos resolver, y entonces acusamos a la gran Esfinge de devorarnos. Sin embargo, no hay un solo incidente en nuestras vidas, ni un solo día desventurado, o un infortunio del que no pudieran seguirse las huellas hasta nuestros mismos actos en esta o en otra vida... La ley de Karma está inextrincablemente entretejida con la Reencarnación... Sólo esta doctrina es la que puede explicarnos el misterioso problema del bien y del mal, y reconciliar al hombre con la terrible y aparente injusticia de la vida..." HPB en D.S.



Cuando HPB fue a los Estados Unidos, una de sus tareas más importantes fue la de constituir una Sociedad, la cual fue denominada durante su formación Sociedad Teosófica y tenía por objeto “recoger y difundir el conocimiento de las leyes que gobiernan el Universo”. La Sociedad invitaba a “la fraternal cooperación de todos los que pudieran comprender la importancia de su campo de acción y tuvieran simpatía por los objetivos para los cuales había sido organizada.”

Se le encmendó a Madame Blavatsky que persuadiera al Coronel Henry Steel Olcott para que cooperara con ella en lo concerniente a la formación de la Sociedad. Él era un hombre altamente apreciado y muy conocido en la vida pública de América, y tanto él como HPB sacrificaron todo con el fin de desarrollar la tarea que los Maestros les habían confiado.

Ellos fueron a la India en 1879 y allí establecieron los primeros fundamentos firmes de su labor. La Sociedad se expandió rápidamente de país en país, fuertemente apoyada por los hombres y mujeres para quienes habían resultado convincentes su afirmación de servicio a la humanidad, la amplitud de su plataforma, la claridad y lógica de su filosofía y la inspiración de su guía espiritual. HPB fue investida por los Maestros con la responsabilidad de impartir la Doctrina Secreta o Teosofía al mundo, ella fue la suprema instructora y al Coronel Olcott le fue delegada la tarea de organizar la Sociedad, lo que realizó con notable éxito. Por supuesto estos pioneros hallaron oposición e incomprensión, especialmente HPB, pero ella estaba preparada para cualquier sacrificio. Así ella había escrito en el Prefacio de La Doctrina Secreta: “Estoy acostumbrada a las injurias, me hallo en relación diaria con la calumnia, y ante la maledicencia me sonrío con silencioso desdén.”El período más efectivo y brillante de la vida de HPB fue el que pasó en Inglaterra entre 1887 y 1891. Ya habían pasado en parte los efectos causados por el injusto Informe de la “Society for Psychical Research” del año 1885, acerca de los fenómenos que ella producía, como asimismo los de los ataques de los misioneros cristianos de la India. A su incesante tarea de escribir, editar, y atender la correspondencia, se agregaba la tarea de instruir a sus discípulos para capacitarlos en la prosecución de su obra. A ese fin ella organizó, con la aprobación oficial del Presidente (el Coronel Olcott), la Sección Esotérica de la Sociedad Teosófica. En el año 1980 más de un millar de miembros de muchos países se encontraban bajo su dirección.

A las once de la mañana del 8 de mayo (de 1891) los médicos la declararon fuera de peligro; se levantó, se sentó junto a su escritorio, y a las dos cerró los ojos y... partió.

Decía miss L. Cooper: “Partió tan tranquilamente - escribió uno de los testigos presenciales de su imprevista muerte- que nosotros, que nos hallábamos a su lado, no nos dimos cuenta de cuando expiró. Una suprema sensación de paz se apoderó de nosotros, arrodillados a su lado, viendo que todo había concluido.”

Sus últimas palabras "Mantengan la unión" ("Keep the link unbroken!").





(Tomado de la revista Tu Remanso)


Última actualización:  
09 de noviembre del 2005
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