Aún la propia religión la conduce a aceptar que ella debe servir a las necesidades sexuales de su esposo, aunque no comparta ni la satisfacción ni el amor en el sexo. 3. La función de amante-amiga: actualmente es difícil de conjugar con el papel de la esposa, quien rápidamente se convierte en la imagen estática de la madre. Muchas veces esta unión corresponde a la imagen interna de la mujer en el hombre, que abarca desde la sensualidad femenina de los hombres, ésta es precisamente la imagen que normalmente proyectan en las mujeres de su vida. La amante comparte otros espacios con el hombre: su mundo intelectual, la aventura, la conquista, sus fantasmas y sus sueños. Es la dueña del amor, el deseo, la seducción, el Eros en toda su expresión. 4. La mujer profesional: este papel cobra importancia en los últimos dos siglos y le toca a la mujer conquistar el mundo del “afuera”. Demostrar su capacidad intelectual y de trabajo independientemente de sus características femeninas. 5. La sacerdotisa y la dama del futuro: el inconsciente crea regularmente puentes entre las búsquedas de lo femenino actuales y sus fuentes originales de la antigüedad. Las relaciones entre la Sabiduría, la Vida y el Amor vuelven. Hay himnos en los que la diosa del Amor y la diosa de la Sabiduría se describen a sí mismas como el ser divino femenino que preside por encima del cielo y de la tierra toda la creación. Conclusión No podemos iniciar un nuevo paradigma sin un cambio de nuestra visión de lo femenino. No podemos gestar una nueva era con modelos de vida y Sabiduría que no corresponden a la proyección de nuevos y mejores Ideales. La feminidad ya no se puede limitar a la sensibilidad, la pasividad y la maternidad. Tenemos que volver a descubrir y a expresar su capacidad creadora y transformadora. Pero no se puede dar lo que no se tiene, la mujer debe ante todo aceptar su diferencia con el hombre en lugar de identificarse con ellos, imitarlos o combatirlos. Sólo encontrando su posición básica femenina puede también recuperar su ánimo. Es decir, necesitamos un cambio de valores en ambos sexos, mediante la capacidad de integrar simultáneamente los opuestos, aparentemente excluyentes entre sí. La nueva feminidad debe establecer el valor de lo interno y la afirmación de todo lo que es. Lo sensual ha de ser valorado como lo espiritual, lo intangible como lo concreto, y todos los logros patriarcales deben ser integrados y no descartados. A lo largo de la Historia, las mujeres han sido las depositarias del significado de las emociones y de los valores atribuidos a las diosas. Las mujeres pueden entonces cargar con este aspecto vital de la naturaleza femenina, para llevarla otra vez al mundo. Los hombres pueden abrirse al aspecto dinámico de lo femenino y por lo tanto facilitar las necesarias modificaciones en las estructuras sociales, políticas, económicas y religiosas. La nueva feminidad puede jugar y danzar en los bosques como Artemisa, atraer como Afrodita, cuidar el alma del hogar como Vesta o ser maternal como Deméter. Puede actuar como Atenea, promoviendo la civilización, las artes y los oficios, o preocuparse como María por el bienestar y el alivio de la miseria, y con Gea restaurar el alma y el cuerpo del planeta. De esta manera podemos devolver a la conciencia la fuerza amorosa y creativa de la naturaleza femenina, la que hace mucho tiempo fue personificada por las sacerdotisas del Amor. |