El mago de los colores Pasamos por alto obras de impresionante belleza y legado filosófico como La Primavera o El Nacimiento de Venus por considerarlas de sobra conocidas por los lectores. Les remito de cualquier modo al artículo publicado en la Revista Nueva Acrópolis, Nº. 136 (marzo de 1986) del Prof. Livraga, que lleva por título “Interpretación Esotérica de la Primavera” y comenta extensa y detalladamente el conjunto platónico-simbólico, acaso lo más grande de toda la obra del pintor. No quería finalizar mi ensayo sin citar algunas de sus más destacadas producciones: Las pruebas de Cristo, con los motivos paganizantes de las vestiduras y esa Afrodita italianizada paseando significativamente entre los ministriles católicos, El Castigo de los rebeldes, con motivos que recuerdan casi la tradición persa o asiria y el monumental pórtico romano circunscribiendo la escena, Venus ofrece dones a una joven acompañada de las Gracias, simple aleteo del espíritu sencillo y clásico, La Virgen del Magnìficat, maravilloso redondo en el cual pueden verse los retratos de Lorenzo y de su hermano Julián representados en el acto de sostener el libro a la Virgen, o la Minerva que doma al centauro, cuya clave política quizás se enlaza con la victoria diplomática que obtuvo Lorenzo el Magnífico con el Rey de Nápoles, cuando en 1860 le convenció para abandonar la Liga del Papa Sixto IV contra Florencia. El paisaje del fondo del cuadro reproduce efectivamente el golfo de Nápoles. Plata y cincel, bruma y oro, el admirable recuerdo de este digno Mago de los colores que fue SANDRO BOTTICELLI. José Ramón Naranjo NOTA La pervivencia de las viejas Escuelas de la Hélade es innegable, Rafael conjuró un tropel de Iniciados y altos filósofos en la Escuela de Atenas y Altdorfer insertó los ejércitos de Alejandro y Darío en complicada configuración rotativa y geométrica difícilmente apresable fuera de un saber esotérico. El nuevo Humanismo hizo del muy esotérico Platón su estandarte y su bandera, en contraposición al aristotelismo medieval. Por no citar las estrechamente herméticas figuras del Veronés, Tintoretto o D |