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El Teatro Mistérico
Eurípides es un revolucionario del teatro griego. Escribió cerca de 90 obras, de las cuales tan solo se conservan 18. Sus temas siempre basados en las leyendas troyanas, argivas, entre otras tenían la intensión de conservar la tradición.



El Teatro Mistérico

Govinda

Primera Sección

Fundamentos del Teatro Mistérico

Aunque el Teatro Mistérico no es exclusivo de la antigua Grecia, vamos a centrar nuestra atención en ella, dado que somos deudores de su cultura y ha dejado una impronta muy especial en nosotros. La tradición indica que el Teatro surgió o está enraizado en los antiguos ritos relacionados con un Dios muy especial de la Mitología griega, Dyonisos.

Para entender el origen del Teatro, primero hay que entender el contexto en el que surgió. Cuando escuchamos los nombres de todos aquellos Dioses que conformaban esa gran familia mitológica, nuestra endoculturación nos induce a creer que los griegos pensaban en términos panteístas. Nada más lejos de la realidad. La Religión ha buscado siempre lo mismo, en toda época y lugar, el “re-ligare”, re-ligar o re-unir de nuevo al hombre con su origen trascendente. Lo mismo busca la Ciencia actual, cuando instiga a la Naturaleza mediante sus instrumentos de medición a que le responda cuándo y cómo surgió el hombre y cuál va a ser nuestro futuro. En realidad, el panorama sigue siendo el mismo, simplemente se ha variado la metodología de esta búsqueda. Toda la compleja estructura mitológica de la cultura helena responde a un reflejo de ese sutil espíritu investigador del genio griego. No hay nada dentro de esa maraña de nombres y de leyendas que no haya nacido del propio hombre, y por lo tanto toda su Metodología no es más que un lenguaje, más o menos velado, más o menos tergiversado, a través del tiempo, de las experiencias filosófico-religiosas del pueblo griego. Cada uno de los Dioses responde a una concepción o a una manera de enfrentarse ante esa búsqueda constante que nos aúne de alguna forma con la corriente de la vida, y no que siente el hombre con respecto a la Naturaleza. Y el conjunto de toda la Mitología, que no nació de forma espontánea, sino que fue evolucionando a través de los siglos, conforma el sustrato o humus intelectual, como diría Tolkien, de un pueblo genial que es el fundamento enmascarado de nuestra civilización.

Dyonisos, que es en este caso el Dios que nos interesa, encarna una concepción religiosa o de experiencia religiosa que se encuentra en muchas culturas a través de todos los tiempos. Históricamente, su mito recoge cómo ese tipo de experiencias vuelve a tomar protagonismo en un mundo griego que vivía bajo la concepción religiosa de los Dioses Olímpicos cantada por Homero. Por eso el mito especifica que el Dios al principio fue rechazado, pero luego tuvo que ser asimilado, pues la gente tomó partido por este tipo de experiencia religiosa que, como veremos, era más directa y esclarificadora para el pueblo. Dyonisos encarnaba un tipo de experiencia en el hombre donde la vida y la muerte se hermanaban como eternas compañeras o como aspectos de una sola Vida que latía en el trasfondo de la Naturaleza, pero para llegar a ella había que romper el eterno embrujo creado por las apariencias y aumentado por las concepciones psicológicas del hombre, que entorpecen todavía más la clarificación de la conciencia humana dentro de la limpia expresión impertérrita de la Naturaleza. Por ello Dyonisos era la representación de una experiencia de ruptura de las estructuras formales y convencionales a las que se veía sometido el hombre. Dyonisos es al principio rechazado, dado que su tipo de experiencia impone una ruptura con los convencionalismos endoculturales de todo pueblo, y por tanto es normal que al principio las propias estructuras sociales rechacen algo que de alguna manera minaba su credibilidad. Esto en el aspecto social, pero incluso en el aspecto individual entramos en otro tipo de ruptura más metafísica de la cual podemos hacernos idea, pero cuya experiencia estaba reservada para los Misterios, y es aquí donde entroncamos por primera vez con el Teatro Mistérico.

¿En qué consiste esta experiencia religiosa? En la toma de conciencia de una fuerza vital inherente a la Naturaleza toda, y por tanto al hombre, que rompe el sentido tradicional de vida y muerte impuesto. ¿Cuál es la técnica utilizada para llevar a cabo esta experiencia? La embriaguez o el entusiasmo de esa corriente vital, simbolizada por el vino. Esa técnica llevaba al oficiante a una experiencia de ruptura de las estructuras mentales bajo las cuales había sido educado y eran la traba principal que estorbaba la visión extática de la vida limpia y rebosante de fuerza, como el caudaloso río que va abriéndose camino a través de la tierra, y que no se siente sometido a las canalizaciones artificiales del hombre. El ditirambo era la estructura principal del rito dionisíaco y consistía en una danza circular que provocaba el éxtasis colectivo con la ayuda de movimientos rítmicos y gritos rituales, que más tarde evolucionaron hacia formas literarias más trabajadas e incluso representadas. Este parece ser, según los estudios, el origen físico del Teatro. Pero el Teatro, como todo elemento manifestado, no sólo tiene un cuerpo, sino también alma y Espíritu. El alma representa de alguna forma su aspecto psicológico, y en este sentido Aristóteles dice que el Teatro surge de una función propia de la psique, la imitación. Es decir, el hombre tiende a imitar las cosas y de hecho se ve impelido a ello. Tal vez sea éste también uno de los resortes del Teatro, pero probablemente el más interesante y el que se encuentra en el trasfondo de todo ello sea el metafísico, directamente relacionado con la Tragedia griega y con los Misterios de la Antigüedad.

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Última actualización:  
22 de septiembre del 2007
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