También el esoterismo emplea las comprobaciones. Es imposible afirmar conocimiento alguno si no se ha constatado que dicho conocimiento puede manejarse fluida y correctamente en todas las oportunidades. El esfuerzo, la investigación, la repetición y el ejercicio no sólo no faltan sino que abundan en el real esoterismo. El laboratorio es, la mayoría de las veces, el hombre mismo, o el universo entero, pues "así es abajo como es arriba". En cambio es notable la diferencia en el valor de la transmisión de los conocimientos. El esoterismo se fundamenta en la cadena conformada por maestros y discípulos, y la experiencia del uno pasa a formar parte de la experiencia del otro, una vez que el discípulo se ha desarrollado lo bastante como para asimilarla. No hace falta vivir todas y cada una de las cosas; como decía Platón, no hace falta convertirse en ladrón para entender que el robo es un delito. Asumir las vivencias del maestro como vivencias propias - puesto que han sido probadas y comprobadas - hace rendir mucho más el tiempo, hace más larga y provechosa la vida. UNA TRADICION QUE PERSISTE El auge del pensamiento llamado científico no ha significado la desaparición del esoterismo ni la desestimación de la intuición. La Historia es curiosa en los vericuetos que describe y, aunque en oportunidades el esoterismo ha tenido amplia repercusión entre los pueblos, en otras tuvo que mantenerse oculto debido a la falta de comprensión y a las persecuciones fanáticas que nunca han faltado. Es como un río que a veces discurre a ojos vista y a veces desaparece en las profundidades de la tierra, pero siempre fluye y siempre se lo encuentra en uno u otro punto de su recorrido. El tiempo y las circunstancias han ejercido su influencia sobre el esoterismo y han hecho que no siempre respondiera a la seriedad de sus verdaderas raíces tradicionales. Cuando decaen los criterios espirituales de concepción de la vida, cuando las dificultades por la supervivencia hacen que los hombres valoren en exceso la existencia cómoda y se desinteresen de las cuestiones profundas, sobreviene un esoterismo fácil y vulgar, un cruel remedo de que lo es Ciencia Sagrada. Entonces aparecen formas de hechicería, supersticiones, temores a lo desconocido y conjuros para alejar esos temores. La superstición se opone a la tradición y los conjuros y amuletos suplantan a la sabiduría. Es como el río de nuestro ejemplo: a veces sus aguas corren por un cauce lleno de barro y se tiñen del fondo por el que se arrastran. Pero eso impide que, más adelante, tras algún recodo, el río vuelva a deslizarse sobre piedras limpias y sus aguas se vuelvan otra vez cristalinas. NUESTRO SIGLO XX |