Este tema, el de la interpretación esotérica de una de las pinturas más afamadas del mundo, no es fruto de imaginarías, sino de haberse reencontrado la clave básica que utilizó el genial Sandro Botticelli – que por este nombre lo conocemos- para representar maravillosamente el pasaje del Alma por la manifestación carnal. Un prólogo necesario a toda referencia al fantástico movimiento del Humanismo, desgraciadamente hasta hoy muy mal comprendido por los especialistas influenciados por el pensamiento exclusivista centroeuropeo, vale para ponernos al día con las nuevas corrientes de interpretación histórica que vienen despuntando de cara al siglo XXI. En principio aclaramos que las divisiones del pasado humano lo suficientemente conocido como para llamarse “Historia”, responden, aunque basadas en hechos reales, a la altura de las posibles investigaciones y a los criterios más o menos generales de los especialistas, los que se fijan, ante todo, una meta pedagógica, pues historia que no se enseña no es “Historia” según la aceptación actual. Hasta mediados del siglo XX, nuestra Cultura Occidental ha dividido su propio pasado cercano en: - Época Clásica, desde el siglo VI a.C. hasta el siglo V, haciendo coincidir este ultimo término con la caída del Imperio Romano de Occidente.
- Edad Media, desde el siglo V- VI hasta el siglo XV, según unos cuando cayó Constantinopla en manos del Imperio Turco, y según otros con el descubrimiento de América por Cristóbal Colón.
- Edad Moderna desde entonces hasta el siglo XVIII, cuando sobreviene la “Revolución Francesa”.
- Edad Contemporánea, desde entonces hasta nuestros días.
Como vemos, esta es una división de la Historia que no se puede excluir a otras, más o menos bien fundamentadas, aunque todas discutibles. Las nuevas interpretaciones sugieren que la Edad Media puede considerarse terminada en lo que hoy se denominaría “Baja Edad Media”, situando su fin en una época inmediatamente posterior a las Cruzadas, alrededor del siglo XII. Esta nueva visión acercaría nuestro concepto de lo “moderno” y extraería de las tinieblas medioevales hechos tan fundamentales como la aparición del “Arte Gótico”, el reencuentro de las ciencias aplicadas y del legado del Mundo Clásico. Esta conceptuación es, además, mucho más elástica que la anterior, pues Europa matriz indiscutible de nuestra actual forma cultural, no vivió los mismos parámetros al mismo tiempo y en toda extensión. Por ejemplo, la Península Ibérica no conoció la “Baja Edad Media” ya que la ocupación árabe la mantiene en un nivel de vida y cultura relativamente alto desde el siglo VIII; y el Imperio Bizantino, con sus irradiaciones sobre la Península Itálica y sus propios aledaños del mundo griego, habría mantenido cierta forma particular de “tiempo clásico” hasta el siglo XIV-XV. Es en esta última fracción en la que se ubica el “Renacimiento”, que gracias a las aportaciones de algunas bibliotecas y museos bizantinos y a los contactos con las altas culturas árabes que guardaron, curiosamente, restos de la antigua Biblioteca de Alejandría en copias y traducciones en su lengua y escritura, lanzaría sus más vigorosas luces en el norte de la actual Italia. |