Los afectados, como niños pequeños, siempre están pidiendo algo pero jamás ofrecen nada. Descargados de vitalidad y vacíos de voluntad se arrastran y son arrastrados a la peor de su esclavitudes, que es el servilismo hijo del terror y padre de los errores. La verdadera libertad es la obediencia a las leyes armónicas que rigen la Naturaleza. Esa es la ecología, y no la politizada que vemos en las calles. Esa libertad es la fuente de las formas mentales superiores, las que, regresando sobre sus emisores, los nimban con aureolas de santidad y heroísmo. Estas características los vuelven bellos a la vista de los Dioses. El escudo de fuerza y santidad protege de las larvas y de los engendros de la noche moral por la cual estamos transitando. La espada de la voluntad corta la cabeza de los dragones del miedo, la corrupción y la miseria física y moral. Del trabajo honrado, del valor para no sólo esgrimir los propios derechos sino de ofrecer los propios deberes, de la bondad y humildad de corazón, de la sana alegría que nos aleja de los alaridos de las bestias, de la oración que es hablar con Dios y del valor individual y colectivo frente a la adversidad, de la recta concentración en lo mejor de cada uno de nosotros, nacen las formas mentales más esplendorosas y benéficas. Eso es ser Acropolitano: soñar y plasmar esa Ciudad Alta, esa Acrópolis, hecha con formas mentales de Voluntad, Amor y Justicia. |