Los textos caldaicos Carecemos de espacio aquí para intentar un análisis comparado entre los fragmentos conservados de los Oráculos y algunas de las estancias del libro de Dzyan, referentes a Cosmogénesis. El contenido de los textos, altamente místico, proporciona instrucción sobre el Universo y el alma, así como sobre el camino de ascenso de ésta hasta la contemplación de los misterios, finalidad de la teurgia. Para el discípulo aspirante a la sabiduría resulta relativamente accesible identificar los principios fundamentales de la gran Doctrina Secreta universal, y el lenguaje de los grandes Maestros. Trataré de realizar mi propio resumen sobre los mismos:Comienza afirmando la realidad inteligible, comprensible si dirigimos a ella la parte más elevada de nuestro intelecto, denominada “la llama alargada de un intelecto extendido, pues lo Inteligible está más allá del mismo”.El poder de los símbolos está presente, empezando por el del triángulo, o espada de tres puntas: “arroja en tu inteligencia el signo total de la tríada”. Estas apreciaciones permitirán captar las doctrinas sobre Cosmogénesis, que diferencian a lo Uno, o el Padre, del creador, el Intelecto y el Fuego: “el artesano del cosmos ígneo es un intelecto de Intelecto”, en referencia a la doctrina de las emanaciones de un Intelecto primero (o mente cósmica, Maat) a un Intelecto segundo, o Demiurgo, Logos, que da forma al cosmos, con el fuego de Fohat ya que “todas las cosas en tanto que engendradas pertenecen a un Fuego único”. La primera tríada, a quien denomina “los padres”, permanece en el Abismo del Silencio “alimentado por Dios”, en la premanifestación, conteniendo todas las cosas “pues todas las cosas están sembradas en el seno de esta tríada”. La Substancia Primordial recibe la denominación de Hécate en cuyo seno la tríada extiende “la fuerza vivificante del fuego muy poderoso”, en una suerte de fecundación cósmica que da nacimiento al Alma del mundo, según el poder de los “ensambladores”, o arquetipos, según los cuales se efectúa la distribución de la vida de donde brota “la materia multifacética”, desde donde todo comienza a extenderse, a medida que la parte más brillante y potente del fuego se lanza “a las cavidades de los mundos”. El torbellino de fuego así activado produce “rayos indoblegables” que el alma del mundo-Hécate recibe como el aliento, o “soplo poderoso” y la Inteligencia divina coloca a las estrellas en sus lugares, “por surcos de fuego inflexibles”, siguiendo un orden jerárquico. Surgen también las ideas intelectivas, o arquetipos, a partir de la “fuente primera paterna perfecta en sí misma”. El Intelecto paterno, a la manera egipcia se considera “engendrado por sí mismo” y mediante “el lazo cargado de fuego” que podríamos relacionar de nuevo con Fohat, y que el Oráculo interpreta como amor con cuya ayuda “los elementos del cosmos persisten fluyendo”. Este “lazo admirable” está en relación con el surgimiento de las almas, formadas por el Amor, la Inteligencia y la Voluntad, tríada divina. Hécate como Madre del Mundo, también llamada Rea, sirve de espacio en cuyo centro se efectúa la unión entre el Intelecto no manifestado y el Logos creador, en su costado derecho surge la vida de los mundos mientras que en su costado izquierdo “reside la fuente de la virtud” que permanece íntegra, y “sobre sus espaldas se balancea una naturaleza inmensa”, como Vida universal. Los mundos se extienden en siete firmamentos y en el corazón se fija el fuego solar, desde donde el fuego alcanza los planos de materia densa, de fuego y de agua, de tierra y de éter, o aire.A partir de las analogías macrocósmicas, la enseñanza va derivando suavemente hacia la explicación de la doctrina de las almas, definidas en estos términos: “porque el alma, que es como un fuego brillante por la potencia del Padre, permanece inmortal, es señora de vida y contiene las plenitudes de los múltiples senos del mundo”. |