Y es que para el hombre sabio de la antigüedad no había una separación completa entre el cielo y la Tierra, pues incluso los fenómenos atmosféricos de ésta, tenían una relación directa con la influencia de aquél. De hecho, los dioses mitológicos suelen abarcar tanto el cielo de las estrellas como el "cielo atmosférico". No quisiéramos terminar esta introducción sin mencionar que para la mentalidad fenoménica y material de nuestra época la asociación de las constelaciones con objetos o dioses fue puramente imaginativa, casi se podría decir que infantil. Así podemos reconocer fácilmente un carro, un escorpión o una serpiente o dragón. Pero en el caso de las constelaciones zodiacales la identificación no es tan evidente, como veremos con Acuario o Piscis. Y sin embargo, las denominaciones han sido muy similares en todas las culturas. Esto nos indica una misteriosa conexión entre cielo y tierra que apenas hoy alcanzamos a comprender. De todas formas, hemos elegido para ilustrar cada una de las constelaciones zodiacales de que trataremos tanto los dibujos clásicos de la obra Uranometria (1603) de Johann Bayer, como una excelente adaptación de los mismos a imágenes del cielo actual. RELACIÓN ENTRE LA ASTRONOMÍA Y LA METEOROLOGÍA Los fenómenos celestes y atmosféricos eran considerados semejantes, no completamente aislados como ocurre hoy en donde la astronomía y la meteorología son disciplinas completamente ajenas. Si el principal objeto de la astronomía en la Antigüedad era la determinación del tiempo, era normal asociar el tiempo atmosférico con el paso del tiempo. En nuestro idioma todavía existe esta confusión, pues según el diccionario "tiempo" es tanto el "estado atmosférico" como la estación del año o "los actos sucesivos en que se divide la edad de las cosas y del Universo”. Quizá en principio la determinación del tiempo astronómico se utilizó para mejorar el conocimiento del tiempo atmosférico, surgiendo así los calendarios agrícolas. En culturas como la egipcia los meses se asociaban a una fenomenología determinada de tipo meteorológico, donde se hablaba, por ejemplo, del "Tercer mes de la carencia agua". En este sentido también Helena P. Blavatsky nos relaciona los fenómenos celestes con los atmosféricos: Los hombres científicos arcaicos nos aseguran que todos los cataclismos geológicos -desde el levantamiento de los océanos, los diluvios, y las alteraciones de continentes, hasta los actuales ciclones de todos los años, huracanes, terremotos, erupciones volcánicas, las olas de las mareas, y hasta el tiempo extraordinario y aparente cambio de estaciones, que tienen perplejos a todos los meteorólogos europeos y americanos- son debidos y dependen de la Luna y los Planetas; más aún: que hasta desdeñadas constelaciones modestas tienen la mayor influencia en los cambios meteorológicos y cósmicos -sobre y dentro de nuestra Tierra-(1). La Astronomía es, en su contexto cultural y antropológico más amplio, la ciencia con la que las diferentes culturas han intentado ejercer el control sobre el tiempo. Este control del tiempo meteorológico y su equivalente tiempo civil ligado a las actividades humanas, habría sido ejercido de forma eficiente mediante la creación de lo que los antropólogos llaman "el tiempo sagrado": calendarios de fiestas y hierofanías divinas. Según Mircea Eliade, la Humanidad reconoce dos clases de tiempo, profano y sagrado. El primero, la "duración evanescente", es lo que solemos denominar tiempo histórico o simplemente historia. El otro es una serie de "eternidades recuperables" periódicamente, durante las fiestas, que constituyen el calendario sagrado; esta eternidad está garantizada por la repetición cíclica de los fenómenos meteorológicos, asociados al ciclo estacional, y de sus equivalentes los fenómenos celestes periódicos. Este último se asocia a la mentalidad religiosa, que lo relaciona con los mitos sobre el origen del Cosmos, de la vida o de la fecundidad de la Tierra. En consecuencia, las fiestas de Año Nuevo se instituirían como una esperanza de renovación, de vuelta a los orígenes, a ese estado primigenio en que todas las cosas tuvieron su comienzo. |