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La Mente Kósmica

Helena Petrovna Blavatsky

Cuarta Sección

No menos significativas son las observaciones expresadas por Th. W. Engelman en Historia de la Fisiología del Protoplasma, sobre el Arcella, otro organismo unicelular levemente más complicado que la Vampyrella. En su experimento la pone en una gota de agua bajo un microscopio sobre un vidrio, colocándola, por así decirlo, boca arriba, en su lado convexo, así que los pies falsos (pseudopodiae) que se proyectan de un lado de la cáscara, no encuentran por donde aferrarse en el espacio, dejando a la ameba impotente. En esta coyuntura se observa el siguiente hecho curioso. Inmediatamente, por debajo de un borde de uno de los lados del protoplasma, empiezan a formarse burbujas de gas las cuales, al alivianar este lado, permiten a la ameba levantarse y, al mismo tiempo, ponen en contacto el lado opuesto de la criatura con el vidrio, proporcionando a sus pseudos pies, una superficie a la cual asirse para volcar su cuerpo y alzarse en todos sus pseudopodiae. Después, la ameba deshincha las burbujas de gas y, contrayéndolas en sí, empieza a moverse. Si en la extremidad inferior del vidrio se colocara una gota de agua similar, la ameba, siguiendo la ley de gravedad se encontrará, primero, en la parte final más baja de la gota y, no pudiendo hallar un punto de apoyo, generará amplias burbujas de gas y, una vez que se vuelve más liviana que el agua, se eleva sobre la superficie de la gota.

Engelman escribe:Si la ameba, una vez alcanzada la superficie del vidrio, sigue sin encontrar una base para sus pies, las burbujas de gas empiezan a reducirse en un lado y aumentar del otro o en ambos, hasta que la criatura toca, con el borde de su concha, la superficie del vidrio, permitiéndole voltearse. Tan pronto como esto acontece, las burbujas de gas desaparecen y las Arcellas empiezan a reptar. Si con una aguja sutil las despegamos de la superficie del vidrio, colocándolas nuevamente en la superficie inferior de la gota de agua, repetirán, de inmediato, el mismo proceso variando los detalles según la necesidad y elaborando nuevos medios para alcanzar la meta deseada. No obstante todas las tentativas de situarlas en posiciones incómodas, ellas encontrarán los medios para desenmarañarse, valiéndose, cada vez, de un artificio o de otro. En cuanto lo logran, ¡las burbujas de gas desaparecen! Es imposible refutar que tales hechos indican la presencia de algún proceso Psíquico en el protoplasma.

Entre la cornucopia de acusaciones contra las naciones asiáticas por tener supersticiones degradantes que estriban en la "ignorancia crasa," se destaca una por su seriedad, la cual los acusa y los condena de personificar y aun de endiosar los órganos principales del y en el cuerpo humano. ¿Acaso no oímos a estos hindúes, "paganos insensatos," hablar de la viruela como si fuera una diosa, personificando los microbios de este virus? ¿Acaso no leemos sobre los Tántrikas, una secta de místicos, los cuales denominan los nervios, las células y las arterias, relacionando e identificando las variadas partes corporales con las deidades, dotando las funciones y los procesos fisiológicos de inteligencia y así sucesivamente? Las vértebras, las fibras y los ganglios de la columna; el corazón, sus cuatro cámaras, la aurícula, el ventrículo, las válvulas y el resto; el estómago, el hígado, los pulmones y el bazo, tienen todos sus nombres divinos y se cree que actúan conscientemente y bajo la poderosa voluntad del Yogui, cuya cabeza y corazón son los asientos de Brahmâ y las diferentes partes de cuyo cuerpo ¡son el terreno de esparcimiento de una que otra divinidad!

A esto se le tilda de verdadera ignorancia. Especialmente cuando pensamos que dichos órganos y el cuerpo humano en su totalidad, están compuestos por células a las cuales ahora se les reconoce como organismos individuales y, quizá, ¡un día se admitirá que son una raza independiente de pensadores que habitan el globo llamado ser humano! Así parece, ya que, ¿no se creía, hasta la fecha, que las leyes de difusión y endósmosis podían explicar todos los fenómenos de asimilación y absorción alimental por canal intestinal? Sin embargo, ahora los fisiólogos acaban de aprender que la acción del canal intestinal, durante la absorción, no es idéntica a la acción de la membrana no viva en el dializador.6 Ahora se ha demostrado que:

"dicha pared está cubierta por células de epitelio, cada una de las cuales es un organismo en sí, un ser viviente con funciones muy complejas. Además sabemos que, por medio de contracciones activas de su cuerpo protoplásmico, estas células asimilan el alimento de forma tan misteriosa como la que notamos en la ameba independiente y los animálculos. En el epitelio intestinal de los animales con sangre fría, observamos cómo estas células proyectan extremidades pseudopodiae, de sus cuerpos contráctiles, desnudos y protoplásmicos. Estos falsos pies extraen del alimento las gotas de grasa, la absorben en su protoplasma, enviándolas al canal linfático [...] Las células linfáticas, emergiendo de los nidos del tejido adiposo e infiltrándose por las células del epitelio, hasta la superficie de los intestinos, absorben las gotas de grasa y una vez que se han colmado, se dirigen hacia su casa, los canales linfáticos. Hasta que desconocíamos este trabajo activo de las células, no había manera de explicar el hecho de que, mientras los glóbulos de grasa penetraban por las paredes del intestino, en los canales linfáticos, los granos pigmentados más diminutos introducidos en los intestinos no se comportaban de la misma forma. Actualmente, sabemos que dicha facultad de escoger su alimento particular, asimilando lo útil, rechazando lo inútil y lo dañino, es común a todos los organismos unicelulares."7

Por lo tanto, el lector se preguntará: ¿si las células más simples y elementales, gotas protoplásmicas informes y sin estructura, saben discernir cuál alimento absorber, por qué esto no debería acontecer, también, en las células del epitelio de nuestro canal intestinal? Entonces, ¿si la vampyrella, como acabamos de mostrar, reconoce su amada Spirogyra entre centenares de otras plantas, por qué la célula del epitelio no debería percibir, escoger y seleccionar su gota favorita de grasa de un grano pigmentado? Se nos dice que "percibir, escoger y seleccionar" es privativo de los seres racionales o del instinto de animales más organizados que la célula protoplásmica fuera o dentro del cuerpo humano. Por supuesto; según lo traducido de la conferencia de un fisiólogo erudito y de las obras de otros naturalistas letrados, podemos simplemente decir que estos catedráticos deben saber de qué están hablando; aunque ignoran, probablemente, que su prosa científica se distancia sólo un grado de las "insensateces" ignorantes y supersticiosas, sin embargo poéticas, de los Yoguis hindúes y de los Tántrikas.

De todos modos, nuestro profesor de fisiología desacredita las teorías materialistas de difusión y endósmosis. Valiéndose de los hechos de un discernimiento evidente y una mente en las células, usa muchos ejemplos para demostrar la falacia de tratar de explicar ciertos procesos fisiológicos recurriendo a teorías mecánicas. Verbigracia: el pasaje del azúcar, desde el hígado, (donde se transforma en glucosa), a la sangre. A los fisiólogos se les dificulta explicar este proceso, considerando imposible integrarlo en las leyes endosmósicas. Muy probablemente, las células linfáticas desempeñan un papel tan activo durante la absorción de las sustancias disueltas en el agua, como lo de los pépticos, proceso demostrado por F. Hofmeister. Generalmente hablando, la pobre, pero conveniente endósmosis, se ha desentronizado y desterrado de entre los funcionarios activos del cuerpo humano, como un inútil beneficiario eclesiástico. Ya no tiene voz en el asunto de las glándulas y otros agentes de secreción, la acción en que las células del epitelio la han suplantado. El trabajo de las células consiste en las misteriosas facultades de selección, la extracción de la sangre de un tipo de substancia, rechazando otra, la transformación de la primera mediante la descomposición y la síntesis, la dirección de algunos productos en los pasajes que los excretarán del cuerpo y la orientación de otros en los vasos linfáticos y sanguíneos. Así, el fisiólogo de Basilea afirma: "Es evidente que en estos procesos no se encuentra el más leve vestigio de la difusión o la endósmosis. Es completamente inútil tratar de explicar estos fenómenos mediante las leyes químicas."

¿Quizá la fisiología tenga más suerte en alguna otra vertiente? ¿No logrando ningún éxito en las leyes alimenticias, podría consolarse un poco en sus teorías mecánicas en la cuestión de la actividad muscular y nerviosa, que trató de explicar mediante las leyes eléctricas? Desdichadamente, exceptuando algunos peces, en ningún otro organismo, aun menos en el humano, se pudo encontrar posibilidad alguna para indicar las corrientes eléctricas como el factor regente principal. La electrobiología, siguiendo las líneas de la pura electricidad dinámica, ha fracasado egregiamente. Como desconoce "Fohat," ninguna corriente eléctrica puede explicarle la actividad muscular o nerviosa.

Sin embargo, no hay que olvidar la existencia de la fisiología de las sensaciones externas. Ya ésta no es tierra desconocida y dichos fenómenos se han explicado físicamente. No cabe duda que existe el fenómeno de la vista, el ojo con su aparato óptico, la cámara oscura. Sin embargo, la reproducción idéntica de las cosas en el ojo, emulada por la placa fotográfica, siguiendo las mismas leyes de refracción, no es un fenómeno vital. Un proceso igual puede reproducirse en un ojo muerto. El fenómeno de la vida consiste en la evolución y el desarrollo del ojo mismo. ¿Cómo se efectúa esta obra, a un tiempo maravillosa y complicada? La fisiología contesta que no lo sabe, ya que no ha dado un paso hacia la solución de este problema.

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Última actualización:  
22 de septiembre del 2007
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