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Los Pitagóricos: un paseo por las ideas
Para Pitágoras la visión fundamental consistió en considerar el Universo como un cosmos, un todo ordenado y armoniosamente conjuntado.



Los Pitagóricos: un paseo por las ideas

Alain Impellizzeri

Primera Sección

ORÍGENES DEL PITAGORISMO

En el siglo VI a. C. en que a Pitágoras le tocó vivir, las invasiones persas habían aproximado hacia los griegos las milenarias culturas orientales con su espíritu religioso y su actitud mística y contemplativa, que originaban una especial forma de racionalidad. El espíritu religioso oriental no buscaba su camino hacia la comunión con lo divino a través de la contemplación racional del Universo, sino más bien mediante la negación de la búsqueda misma de la razón, hacia formas de comunicación en zonas más profundas del espíritu. Pero junto con esta vena mística, la cultura oriental había realizado admirables conquistas de la razón, por ejemplo en los desarrollos astronómicos y aritméticos de los babilonios más de un milenio antes de que Pitágoras naciese. Tal vez una de las razones profundas del hondo enraizamiento del movimiento pitagórico en la cultura griega, y en su heredera la cultura occidental en que hoy vivimos, consistió en el acierto de Pitágoras al unificar ambas tendencias, racional y contemplativo-religiosa, y dar forma a lo que llegó a ser, mucho más que una Escuela de pensamiento una forma de vida.

Bajo la pluma de historiadores como el neoplatónico Porfirio se nos presenta un Pitágoras medio héroe, medio dios. La figura que Aristóteles ofrece de Pitágoras en los fragmentos que se conservan aparece también entre las brumas de la leyenda. Es una lástima que la obra que Aristóteles dedicó a los pitagóricos no haya llegado hasta nosotros.

Lo que sobre la vida de Pitágoras se sabe con relativa seguridad es lo siguiente. Nació en la isla de Samos, junto a Mileto, en la primera mitad del siglo VI a. C. Fue hijo de Menesarco, tal vez un rico comerciante de Samos. Probablemente viajó a Egipto, Fenicia y Babilonia. Volvió a Samos durante la dictadura de Polícrates (538-522). Hacia el 529 viajó al sur de Italia y fundó en Crotona la fraternidad pitagórica. Murió ya muy anciano en Metaponto.

Se pueden distinguir tres etapas en su vida: la primera en el mundo griego, la segunda marcada por los viajes a Babilonia y Egipto, y la tercera en lo que más tarde se llamó la Magna Grecia (sur de Italia), con un período intermedio en Samos entre la segunda y tercera etapas.

Poco se sabe de las dos primeras. Jámblico cuenta que Pitágoras visitó a Tales en Mileto, lo que cronológicamente es acorde, y geográficamente muy posible por la proximidad entre Samos y Mileto. También allí pudo conocer al filósofo Anaximandro personalmente. Como su Maestro se cita sobre todo a Ferékides de Siros, a quien Aristóteles caracteriza como teólogo y taumaturgo.

Sobre los viajes a Oriente de Pitágoras existen muchas leyendas que sus biógrafos posteriores narran en detalle. Pero el hecho de sus estancias en Egipto y Babilonia aparece ya atestiguado en escritores mucho más antiguos como Isócrates, Herodoto y Aristoxeno. Por otra parte el parentesco de muchas de las ideas pitagóricas primitivas, tanto matemáticas y astronómicas como religiosas, delatan claramente el fuerte influjo oriental y egipcio.

Según algunas tradiciones, al volver Pitágoras a Samos se le pidió que enseñase sus ideas a sus propios conciudadanos. Al parecer les resultó demasiado abstracto y su enseñanza tuvo poco éxito. Esto, junto con la opresión del tirano Polícrates. Le debió conducir a la decisión de emigrar.

En el 529 Pitágoras se trasladó a la ciudad de Crotona, fundación aquea del siglo VIII a. C., en la parte sur del golfo de Tarento. Las colonias griegas del sur de Italia gozaban entonces de una gran prosperidad. Allí llegó Pitágoras con un sistema de pensamiento más o menos perfilado después de su larga experiencia por Oriente y Egipto. La ciudad le pidió que expusiera sus ideas y, según la tradición, Pitágoras dirigió por separado cuatro grandes discursos: a los jóvenes, al Senado, a las mujeres y a los niños. El contenido de estos cuatro discursos, tal como ha sido transmitido por diversos conductos, está lleno de recomendaciones morales de gran perfección, derivadas fundamentalmente de la necesidad de ajustar la conducta humana a los cánones de armonía y justeza que se derivan de la naturaleza misma de las cosas, y está ilustrado con elementos específicos de la mitología de los habitantes de Crotona. Como consecuencia de este primer contacto surgió, al parecer no sólo en Crotona, sino en toda Italia, un gran entusiasmo por Pitágoras.

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Última actualización:  
22 de septiembre del 2007
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