La teoría de las catástrofes explica, a un nivel cualitativo, muchos fenómenos. He aquí, por ejemplo, como se puede explicar la posibilidad de un cambio brusco de la situación ecológica en nuestro planeta. Para simplificar introduzcamos cierto parámetro generalizado x que caracteriza la calidad de la situación en análisis desde el punto de vista ecológico, por ejemplo el contenido promedio de substancias nocivas en la atmósfera. Por analogía con la mecánica, para la cual todos los cuerpos tienden a poseer una mínima energía potencial, supongamos que solo son realizables (posibles) aquellos valores de x para los cuales cierta función toma su valor mínimo. Siguiendo esta analogía, denominemos a esa función "potencial". Su gráfica se muestra en la fig. 5.  Fig. 5 Supongamos que en ciertas condiciones la dependencia del potencial respecto a x se representa por el gráfico de la fig. 5a (las condiciones que determinan el carácter de esta dependencia quedan "fuera del cuadro"). Pequeñas perturbaciones del sistema, condicionadas, por ejemplo, por la actividad humana, solo pueden variar en poco la contaminación atmosférica: el estado estable se encuentra en uno de los puntos de mínimo local en la parte inferior de la gráfica de la fig. 5a (el sistema se ha "asentado" en ese punto firmemente, como una pesada bola que ha rodado al fondo de un hoyo). Al mismo tiempo el paso del sistema a un estado peligroso – a un mínimo local vecino, que corresponde a un estado de mayor contaminación – es prácticamente imposible: para esto es necesario un impulso muy grande que obligue al sistema (en nuestra analogía, una bola pesada) a vencer la alta barrera que separa estos puntos mínimos. Sin embargo, si cambian las condiciones (por ejemplo si se acumulan los desechos de la producción industrial) el carácter de la dependencia del potencial respecto a x puede cambiar y tomar la forma representada en la fig. 5b. En este caso incluso un pequeño impulso puede obligar al sistema a "caerse" a un estado estable con un alto nivel de contaminación atmosférica. Un cambio así puede producirse rápidamente, en unos pocos años. La teoría de las catástrofes, conjuntamente con otras teorías contemporáneas de los sistemas dinámicos, ha cambiado ya en un grado significativo las habituales ideas sobre la estabilidad e inercialidad del mundo. Gracias a ella, hoy entendemos mejor (quisiéramos creer esto) nuestra responsabilidad por las posibles alteraciones de la armonía y el equilibrio de las fuerzas naturales contradictorias, a las que conducen el crecimiento indiscriminado de la producción industrial en la sociedad de consumo. En la actualidad se levantan aún más voces en favor de que se realice una revisión de los valores en el mundo contemporáneo y, siguiendo el ejemplo de los sabios de la antigüedad, volver nuevamente a valorar la belleza y proporcionalidad más que la abundancia material. Ya que si esto no sucede, entonces podrían llegar a ser verdaderamente proféticas las palabras del creador de la teoría de las catástrofes, el científico francés René Tom: "Es posible que se llegue a demostrar la inevitabilidad de ciertas catástrofes, por ejemplo, de las enfermedades o la muerte. El conocimiento no será obligatoriamente una promesa de éxito o supervivencia: éste puede también darnos la seguridad de nuestra derrota, de nuestro fin". Pero, paralelamente a tan sombrías perspectivas, esta teoría abre también otras posibilidades. Efectivamente, si, en cuanto nos hemos convencido, en determinadas condiciones muy pequeños esfuerzos pueden conducir a grandes resultados, hay una razón para no dejar caer las manos incluso en las situaciones más difíciles, ya que es posible que la aparente carencia de solución sea solo una señal de una "catástrofe" que se acerca y nos promete un nuevo período de auge. |