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Hipócrates: Raíces filosóficas y mistéricas
Alcmeon de Crotona



Hipócrates: Raíces filosóficas y mistéricas

Antonio Alzina

Segunda Sección

 


ANTECEDENTES PRESOCRÁTICOS



Sería injusto olvidar en este contexto que no fue Hipócrates el pionero en expresar una concepción filosófica de la enfermedad, de la salud y del ser humano como un ente complejo sometido la acción de diversos factores naturales.


Apenas a una generación anterior pertenecen Alcmeón de Crotona, Empédocles de Agrigento y Diógenes de Apolonia, por citar sólo a tres renombrados presocráticos, todos ellos médicos de oficio y muy cercanos temporalmente a Hipócrates.


Las teorías de que el cerebro es el centro de la actividad mental son de Alcmeón; también lo es la concepción de la salud como equilibrio interno y de la enfermedad como un excesivo predominio de un elemento sobre otros. La teoría del pneuma vital es de Diógenes, y la teoría de la proporción armónica del alma (Tratado «Sobre la Dieta») es de procedencia pitagórica, probablemente transmitida a través de Filolao o Alcmeón mismo, que era un joven cuando el Maestro Pitágoras ya era mayor.


En Crotona, el médico-filósofo-pitagórico Alcmeón destacaba como físico, biólogo y, lo más excepcional en su época, como anatomista, ya que practicaba la disección en cadáveres humanos.


Describió dos clases de vasos en la circulación del cuerpo humano: las venas, que contienen sangre oscura (negra), y las arterias que se vacían de sangre roja. Por desgracia se perdió este «descubrimiento» y el mismo Hipócrates confundía aparentemente los dos tipos de vasos.


También, estudiando los órganos de los sentidos, Alcmeón descubrió algunos canales (nervios) que comunicaban estos diferentes órganos con el cerebro, receptáculo de todas las sensaciones. Este fue un hecho conocido y aceptado por Hipócrates y por el mismo Platón. Alcmeón distinguía la sensación de la inteligencia, la recepción de la elaboración.


También hizo incursiones en el terreno de la Embriología, buscando –como Tales, Anaxímenes y Pitágoras–, la explicación de la vida. Sostuvo que el sexo de un niño está condicionado por la preponderancia de la semilla paterna o materna, siendo la mujer portadora y emisora (eyaculadora) de un «semen» o «licor materno» (evidentemente, el óvulo). Esta teoría la recogió Hipócrates.


La doctrina de la salud, de Alcmeón, hace honor al origen de esta Ciencia en el marco de lo sagrado. Pensaba que la Justicia es el estado normal del mundo. La Salud se debe al equilibrio de las potencias y a las proporciones justas de cualidades diversas: húmedo, seco, frío, caliente, salado, dulce, ácido y amargo. El estado anormal, la injusticia, tiene su origen en el exceso de una de estas cualidades, lo que produce el desequilibrio. Así, la enfermedad es provocada por el exceso de calor o sequedad, o por la sobreabundancia o carencia de alimentos. La enfermedad puede residir en la sangre, la médula espinal (el Sistema Nervioso) y el cerebro. También procede de causas externas: la naturaleza de las aguas, la configuración geográfica, la fatiga pasajera o prolongada...


Antes de Alcmeón, en las enfermedades se otorgaba un gran papel a la cosmología y poco al estado del ser humano, y a partir de él, se lleva a un primer plano la importancia de la fisiología.


De la escuela de Crotona, y unido a Alcmeón, Filolao se puede considerar como un precursor destacable del «hipocratismo» y del «platonismo». Sus teorías médicas se apoyan sobre la analogía absoluta entre el hombre y el universo. Así como el mundo tiene su Fuego central, también el cuerpo tiene su principio en el calor. Este calor debe ser «armonizado» por el frío; por ello se inspira el aire externo, y para no destruirse por exceso de frío, la espiración restituye el aire a su lugar natural. El ritmo de la respiración se debe a la influencia recíproca y alternada de dos elementos contrarios: el frío y el calor. La alteración de este intercambio actúa sobre la sangre y los humores, siendo estas modificaciones las que provocan las enfermedades.


Entre los eléatas es conocida la influencia que tuvieron en las «doctrinas hipocráticas» Jenófanes, Parménides, Leucipo y Zenón. Algunos eruditos piensan que este último contribuyó, con su método de reducción al absurdo (Aquiles y la tortuga), a liberar al Maestro de Cos de algunas concepciones artificiales de sus predecesores, acercándolo a la observación natural de las cosas concretas.


De Empédocles le llegaron sus estudios sobre la formación de los sexos, la formación del feto a partir de la unión de los licores germinales del hombre y la mujer, el papel nutritivo de la placenta y una duración casi exacta del embarazo.


 

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Última actualización:  
22 de septiembre del 2007
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