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El brillante Federico Chopin
Retrato de Fedrico Chopin



El brillante Federico Chopin

Luis M. Richart

Primera Sección

Hay una interesante colección de libros titulada "Grandes de todos los tiempos". En ella está incluido, naturalmente, Chopin. La verdad es que casi todos los grandes biografiados en la citada colección, cada día que pasa nos resultan más grandes, comparados con los "genios" de hoy, tan mediocres. Tal vez la Humanidad haya entrado en una grave etapa de esterilidad genial de los hombres, si se analizan los escasos y pobres frutos que en esa parcela del intelecto -la artística- se vienen dando. Por ello, hay que evocar y reconocer siempre el talento y la inspiración de genios como Chopin.

La personalidad musical y humana de Chopin es tan grandiosa, que no se puede perfilar en un breve artículo. Valga pues la intención que nos mueve a evocarle, con las limitaciones de conceptos -de espacio- que la brevedad nos impone.

Federico Chopin nació en una casi modesta familia de la clase media polaca, y encontró en su propio hogar el ambiente más propicio para que sus innatas facultades musicales fueran desarrollándose adecuadamente. Su madre -alma exquisita, culta y sensible- supo inculcar a Chopin (y a sus tres hermanas) el amor a la música, dándoles ella misma las primeras clases de piano. En esta grata atmósfera familiar (su padre era profesor de francés y también hombre culto y amante del arte) el pequeño Chopin fue creciendo y al cumplir los diez años, era ya todo un pianista y empezaban a surgir sus primeras pequeñas composiciones (danzas, variaciones, una marcha militar, dos cortas polonesas que ya dejaban entrever lo que años más tarde serían sus universales "Polonesas").

Chopin tuvo un maestro extraordinario, un tal Elsner, que si bien supo dar libertad a su alumno para que exteriorizase su inspiración creadora y renovadora, le obligó muy a fondo a conocer la técnica y la obra de los grandes maestros: Bach, Haydn, Mozart (a quienes Chopin admiraba en gran manera), aprendiendo así a exigirse mucho a sí mismo, y a estimar el valor de lo que puede adquirirse mediante la paciencia y el trabajo: el profesionalismo. Así transcurrieron casi diez años, desde su infancia a su adolescencia, a través de los cuales Chopin se convirtió en un extraordinario pianista y un buen compositor. Había llegado la hora de demostrarlo al mundo entero. Y Chopin abandonó su querida Polonia, para iniciar su brillante carrera de concertista excepcional. Ya entonces se decía que era un "poeta del piano", por las infinitas delicadezas líricas que supo extraer maravillosamente del teclado pianístico.

Cuando Chopin abandonó su patria para conquistar el mundo como pianista genial, su profesor Elsner y unos cuantos amigos salieron a despedirle a las afueras de Varsovia, entonando un coro pleno de nostalgia. Y le regalaron un álbum en el que el propio Elsner escribiría: "Los extranjeros te darán más gloria, pero no te podrán amar tanto como nosotros". Luego le entregó una pequeña copa llena de tierra polaca. Chopin lloró conmovido. Y aquella tierra recibida tan entrañablemente, la llevó siempre consigo Chopin. Días más tarde, el genial pianista compositor, escribiría estas palabras (presagio de su futura tragedia): "Creo que he dejado Varsovia para siempre. Me parece que me dirijo hacia la muerte. ¡Qué triste debe ser morir lejos de mi tierra, entre gente extraña!..."

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Última actualización:  
22 de septiembre del 2007
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