Innumerables habían sido los experimentos para demostrar el surgimiento espontáneo pero ya desde 1688 el médico italiano Francesco Redi había demostrado que las cresas no se formaran en la carne si las moscas no la tocan, así se hizo evidente que toda vida procede de la vida. Tal fue la doctrina que Pasteur numeró hace más de un siglo ante Academia Francesa de Ciencias. Pese a todo y merced a un notable despliegue de gimnasia mental los biólogos seguían creyendo alegremente que la vida empezó en la Tierra por medio de procesos espontáneos. La idea de la vida espontánea también se remonta a experimentos sobre el caldo primordial que cautivó la imaginación del público, que realizaron Stanley Miller y Harold Urey en 1952, mezclando en un laboratorio H20, Nh4, ch4, co2, CnH( supuesta atmósfera de la Tierra inicial) y luz ultravioleta como energía. Se obtuvieron aminoácidos y bases nitrogenadas, los constituyentes esenciales de las proteínas. El principal problema es que en el laboratorio se recogen enfriando rápidamente los líquidos en un serpentín pues la propia descarga vuelve a destruirlos: ¿en la tierra de hace 3500 millones de años había esa posibilidad de que se formaran pero no se destruyeran? Pero aún suponiendo que así fuera y que los aminoácidos puedan ser producidos por medios naturales, este experimento dista mucho de demostrar que la vida puede haber evolucionado de esa manera. Nadie ha demostrado que la correcta disposición de los aminoácidos para una proteína, pueda producirse por ese método, ni mucho menos el ADN. No se ha encontrado ninguna prueba que explique ese enorme salto, ni se encontrará según mi opinión. ¿Cómo puedo ser tan contundente? Pues porque si así fuese el experimento ya se hubiera realizado y sería famoso. Su coste mínimo comparado con el de enviar un astronauta a la Luna. Sería tan espectacular que la clonación sería un juego de niños. Además la probabilidad matemática de que la vida haya aparecido de forma espontánea es tan pequeña que resulta difícil captarla si no la comparamos con algo que nos resulte familiar. Por ejemplo, que una proteína evolucione al azar, o sea que los átomos, los aminoácidos, se dispongan en el orden adecuado, es lo mismo que la probabilidad de sacar 50.000 seises seguidos en los dados. Creo que el azar queda descartado, es una solución fácil para aquellos que tengan pereza mental de seguir buscando el origen de la vida. Y estamos hablando de proteínas ¿Cómo pudo surgir una estructura tan altamente organizada como un humano, un ratón o inclusive una flor? Nadie puede negar que se necesita información para una flor ¿pero cuánta? Precisamente muchísima tanta que escapa a una experiencia normal. Las instrucciones genéticas (genoma) pueden ser concebidas como un mensaje de cierta longitud que especifica una forma de vida. Es el programa que controla la conducta de las células. Todo aquel que haya ideado un programa de ordenador estará de acuerdo que escribir subrutinas es la parte menos importante. Lo más difícil es la lógica del programa principal. En el terreno de la biología, las enzimas son solamente subrutinas. El programa sigue siendo una parte menos probable. En el desarrollo de la vida el programa principal lo describe la teoría darwiniana de la evolución. En 1859, Darwin publicó el origen de las especie, libro en el que incluía un compendio de detalles empíricos algunos sacados de otros autores y otros propios de su viaje a bordo del Beagle, que presentaban una demostración de la selección natural y la evolución de las especies. Bien probaban cierta evolución, no toda la evolución que tenemos en mente: células eucariotas prosperando en los océanos durante cerca de mil millones de años, los primeros seres pluricelulares, que reinaron durante 120 MM de años, luego la explosión precámbrica. Hace 550 MM fueron colonizados los continentes por formas vivientes de extravagante diversidad, tanto que haría palidecer de envidia a los mejores escenógrafos de ciencia ficción. Por citar sólo las formas animales encontramos: esponjas, gusanos, anémonas, insectos, estrellas de mar, pulpos, peces, reptiles, pájaros, mamíferos: carnívoros, insectívoros, rumiantes, marsupiales, primates. Y los antropoides. Asombroso crecimiento que no ha necesitado más que una décima parte de la edad de la Tierra para producirse y desarrollarse, y para que apareciese el Homo Sapiens, el inventor de la marcha erguida. ¿Qué ha ocurrido para que la teoría de Darwin sobre la evolución mediante la selección natural se haya afirmado como una superstición? ¿Dónde están las pruebas experimentales? Los postdarwinistas explican los cambios evolutivos debido a los errores aleatorios de la copia de la información genética, mutaciones puntuales de genes que acumuladas darían lugar a la evolución, pues la selección natural escogería solo las mutaciones que fueran mejoras para la adaptación del ser vivo. El primer problema es que la copia del ADN es extraordinariamente precisa, no proporciona un gran número de mutaciones naturales para que pueda actuar la selección natural, tiene un ritmo tan lento que no cuadra con la rapidez de la aparición de las especies en la Tierra. Además parece mucho más probable que los errores resulten perjudiciales y no beneficiosos, y al rechazar las numerosas variaciones dañinas y preservar las escasas de índole beneficiosa, todavía es necesario un espacio de tiempo mayor para que se de la evolución que observamos. El primer interés ha sido demostrar que los restos fósiles confirman la teoría de Darwin. Sin embargo la realidad es muy otra, como reconoció el propio Darwin: existe una imperfección del registro fósil. Faltan los cambios cruciales en los registros fósiles, por ejemplo la gran transición evolutiva desde los reptiles a los mamíferos. Esas grandes transiciones se han buscado en los casos con gran abundancia de fósiles, los mejores son algunos invertebrados como los insectos y los seres que viven en el mar pues se fosilizan con más probabilidad que en la tierra. Se han identificado más de 10.000 especies fósiles de insectos, más de 30.000 especies de arañas y números similares de especies marinas. Y sin embargo las pruebas a favor de los cambios progresivos que produzcan grandes transiciones evolutivas son muy escasas. Todavía falta por encontrar la supuesta transición entre insectos sin alas y alados, al igual que la transición entre los dos tipos principales de insectos alados (libélulas y escarabajos, hormigas). De hecho la situación es todo lo contrario a lo que predice la teoría. Desde luego que se perciben pequeñas variaciones pero no se acumulan gradualmente hasta producir mayores. |