Por sus peticiones centradas en sus problemas, es el hombre quien limita su imagen según su visión. A aquel que ha concebido mal la totalidad del dios, es preferible no enseñarle más que el aspecto que desee ver, pues cada hombre siente a Dios de forma diferente, y es el hombre el que por su diversidad de acercamientos ha creado el politeísmo. En la cultura egipcia queda claro que Dios se expresa por todas partes y en todas las cosas; por eso los dioses más importantes aparecen bajo un rostro velado (como en Abydos), con una cara oscura (Ptah), o con rostro de animales (Toth, Horus, Anubis). Dibujando el pensamiento a través de los dioses, la abstracción llega a ser una imagen real, perceptible para el mundo psicológico del hombre. Es uno de los más grandes éxitos del pensamiento mítico. En efecto, el mundo psicológico, por su emotividad, puede construir la imagen que permitirá la unión de contrarios, fundiendo la dualidad en una unidad y crean-do una alianza. Esta imagen no debe ser confundida con el símbolo, porque no se trata de una construcción humana, sino del armazón del universo de los dioses, lenguaje humano que versa sobre los Inmortales. Los símbolos atraviesan el tiempo, existen antes y después que el hombre. El Neter, encrucijada del lugar y del principio sagrado No se dirá nunca suficientemente que el egipcio concibe la realidad como un todo con múltiples componentes. Resplandece a través del canon de su arte, que comprende tanto el rostro como el perfil, a través de la riqueza de sus mitos religiosos, o de los nomos que resumen las formas arcaicas y nuevas como un diamante con mil facetas. Allí donde la estaca se fija en la tierra, surge un punto de vida que irradia su energía en el individuo y la colectividad, es el Neter, que se apoya sobre la tierra y la hace sagrada, creando un cosmos a la vez abierto y cerrado. Se comprenderá fácilmente la importancia de esta Fuerza capaz de revitalizar al hombre, cuyo cuerpo se fatiga por su actividad terrestre y cuyo Espíritu se malogra en contacto con la materia que le retiene prisionero. El Neter es lo que da un nuevo impulso, un renacimiento de vitalidad, es fuente de eterna juventud. Así se explican las numerosas “Fuentes de juventud” y los lugares de peregrinación donde el alma puede encontrar “el agua” para rejuvenecerse, lo que no encontrará obligatoriamente el cuerpo. |