La tercera se refiere a lo estrictamente místico, devocional y religioso, donde se entremezclan creencias determinadas con formas morales, costumbres y “tabúes”. Es asimismo una renovación necesaria en pueblos envejecidos que se han quedado sólo con las formas o “cáscaras” exteriores, reclamándose una nueva militancia y vivencia, frecuentemente exagerada al principio y que da pie, cuando a su vez estas religiones se corrompen, a persecuciones y sectarismos. En este trabajo periodístico nos es forzoso combinar todas las formas para destacar la expansión, bastante tardía del Budhismo en China…donde curiosamente se arraigará con más fuerza que en el seno original de esta forma religiosa emanada de la India. Al contrario del Cristianismo, que se expandió hacia el Oeste, el Budhismo lo hizo hacia el Este. En su principio, el Budhismo no parece haber sido bien recibido en India, donde se le acusó de “destructor” de familias y en donde las diferentes formas de Brahmanismo, Shivaísmo, etc., rechazaron esta manera “estoica” de encarar la religión, restando importancia a las ceremonias tradicionales. No hay pruebas históricas de que el Budismo arraigase primero en las clases más humildes, como lo pretenden algunos especialistas, sino, por el contrario, en determinadas aristocracias. Es prácticamente imposible que el pueblo hindú de los siglos V-IV a. C., enrolado en sus tareas rutinarias, prestase gran atención a una forma mística con mucho de filosófica, difícil de entender y con ribetes de esoterismo que se apoyaban en un Budhismo o Religión de La Luz que ya habría preexistido entre los primeros arios que descendieron desde las montañas del “Techo del Mundo”. Hasta la época de Asoka Chandragupta (273-232 a.C.) el “Sandrakotos” de los griegos, que fue un equivalente para el Budhismo de lo que fue Constantino para el Cristianismo, esta religión no tuvo fuerza expansiva en la India y, por lo tanto, menos aún fuera de ella. Su nieto (234-198 a.C.) fue llamado Dharma-Asoka, el de “La Buena Ley”, y continuó su obra. En este periodo se ha comprobado que peregrinos budhistas llegaron hasta Alejandría, en Occidente, y se adentraron en Tibet, Nepal, China y las penínsulas e islas adyacentes… Pero en su lugar natal, el Budhismo empezó a decaer, hasta que su último rey, del Imperio de los Asokas, fue derrotado en el 185 a.C. por una revolución encabezada por Pusymitra, fundador de la Dinastía Sunga. India retornó a las viejas tradiciones prebudhistas. Pero los emisarios que habían partido para China, tal vez siguiendo muchos de ellos la relativamente fácil “Ruta de la Seda”, se habían afincado alrededor del siglo III a.C. en una nación que, como pasó en buena parte de su historia, estaba dividida en reinos y condados. Allí se encontraron con elementos afines, dentro de la religión del Tao dejada por Lao-Tsé, y con otros que le fueron adversos como el Confucianismo y muchas formas de cultos locales. Los cronistas de la Dinastía Han, narran, por el siglo III a.C. en extranjeros del Valle del Ganges adoraban a Futó (Budha) y que de él hacían estatuillas de oro. El libro Po-Tsé-Lum afirma que había libros del Budha en China en la época Huang-Tí (246-209 a.C.), los que se perdieron en un incendio provocado por el Emperador que quería que “la Historia comenzase con él”… cosa que recomendamos no tomar al pie de la letra. |