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El Genio de Grecia
Santuario de Delfos



El Genio de Grecia

José Rubio Sánchez

Primera Sección

  • ¿Quién eres tú? ¿De dónde vienes?
  • Hijo soy de la tierra y del cielo estrellado.
    (…) Pero mi raza del cielo sólo procede. Bien lo sabéis…
  • De hombre te has vuelto dios.
  • Queremos acercarnos con este artículo al Espíritu Griego, a los Ideales que constituyeron el particular enfoque de esta Cultura sobre la Vida. Todo hombre y toda civilización se enfrentan a un mismo enigma, inmersos como están entre dos enormes y misteriosos abismos, que son el nacimiento y la muerte, y surge la cuestión de cómo aprovechar mejor esos años, plenos de amor, dolor, enfermedad, trabajo y posiblemente guerra… Ante ese enigma, todos los pueblos elaboraron unas costumbres de vida, una moral, y plantearon sistemas educativos para transmitir esos valores constituidos en Tradición. Nuestra Cultura ha hecho lo mismo, y este trabajo va dirigido a intentar comprender la mentalidad griega, para así tal vez comprender mejor la nuestra. Platón, en el Gorgias, pregunta: "¿Qué ha de ser un hombre, qué género de vida ha de escoger y hasta qué punto, en su juventud y en su vejez? He aquí el más bello objeto que pueda ofrecerse a la consideración".

    Somos conscientes de que nuestro interés es demasiado amplio para los estrechos límites de este artículo, y que al acercarnos a aquel mundo maravilloso de hace más de 2.500 años, nos encontramos con diferentes épocas, como la arcaica o la clásica, que no podemos hablar exactamente igual de un espartano, de un ateniense o de un jonio, que no era la misma educación la que se daba al pueblo que la que se podía conseguir en las Escuelas de Filosofía o en los Misterios, pero también sabemos que más allá de las diferencias existía un Pan-Helenismo, un Espíritu griego común que les hacía sentirse superiores ante los bárbaros o extranjeros, e invocar, por encima de las deidades particulares, a los mismos Dioses Supremos del Panteón Olímpico; que les llevaba a peregrinar hacia los mismos lugares sagrados, como Delfos, Eleusis u Olimpia, donde podían reunirse hasta cuarenta o cincuenta mil personas (cifra superior a la población total de casi todas las ciudades-estado) y donde todos, con algún matiz dialectal, hablaban la misma lengua: Koiré.

    Es ese Espíritu el que nos gustaría apresar, que no está específicamente escrito en ningún libro, ni dibujado en ningún grabado, ni en un poema, escultura o estructura arquitectónica, y sin embargo, es como un sutil perfume que emana de todo eso. El Alma de Grecia, esa combinación de lo apolíneo y lo dionisíaco, el amor a lo bello, lo estético, lo temperado, lo armónico, y la alegría de vivir, de cantar, de soñar, pues aún el llamado pesimismo griego emana una espontánea jovialidad ante la vida. El Alma griega, llena de Poesía, de Danza, de Música de color, de los perfumes desparramados por una naturaleza virgen, siempre propicia y misteriosa. El Alma de un pueblo que tenía una sed abrasadora de vida, aún sabiendo de la muerte, la enfermedad y la vejez.

    Ha sido un amante del Dios Dionysos, Nietzsche, quien ha definido magistralmente el carácter del hombre griego. "Fijan en el mundo una mirada limpia, saben escuchar y contemplar, son religiosos transfiguradores de los cotidiano, rinden culto a la belleza, son apasionados, su Genio es jovialmente alegre, les acompaña una suerte de candor infantil, son francos, tienen un gran sentido de la libertad, poseen cuerpos ágiles y sanos y gustan de hablar bien".

    Tucídides va a describir en su Guerra del Peloponeso al ateniense como: "De energía incansable y con un vigoroso ímpetu en la concepción y en la realización de los planes; espíritu de aventura; ágil elasticidad; capaz de adaptarse con precisión a todas las situaciones y que no se descorazona por los fracasos, antes se siente impulsado a más altas realizaciones. Así, el vigor de este pueblo recoge y transforma todo lo que se ofrece a su paso".

    Queremos desentrañar el Misterio de esos hombres que como Solón, Licurgo, Fidias, Orfeo, Pitágoras, Platón o Leónidas, han dejado su huella en las páginas de la Historia, y nos guía la misma reflexión de Nietzsche: "Los griegos son interesantes, porque cuentan con una plétora de individuos grandes. ¿Cómo fue posible esto? Hay que estudiarlo".

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    Última actualización:  
    22 de septiembre del 2007
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