El Ascenso a la Imortalidad El griego concebía su ascenso hacia la Inmortalidad como la superación de cuatro niveles que podríamos sintetizar como el hombre común, el Héroe, el Semidiós y el Dios. Ese hombre común tenía dentro de sí la posibilidad de lo Divino, pero tenía que demostrarlo a través de heroicidades. Así, en la mentalidad griega va a tener una gran fuerza el Culto a los Héroes, y la educación iba dirigida a desarrollar en el joven todas sus potencialidades, de manera que fuese "semejante a los Dioses". El Héroe era aquel antepasado que había existido en épocas legendarias asumiendo la calidad de fundador de ciudades, como Teseo (la Tesalia) o Pelops (el Peloponeso), y forjador de civilizaciones. Actuaban como intermediarios entre los hombres y los Dioses, y ellos mismos eran hijos de la relación entre un Dios o Diosa y algún mortal. Corría por sus venas el Fuego de Zeus, a través de largas estirpes, para cada uno de los griegos. Héroes fueron muchos en toda la Historia de Grecia, pero para los jóvenes helenos iban a destacar dos: Aquiles y Heracles. Aquiles encarnaba el Ideal a alcanzar por todo joven anhelante de Gloria, porque representaba precisamente el problema que todo hombre tienen que plantearse ante la decisión de seguir viviendo una vida vulgar, cómoda, sin estímulos, más parecida a la animal que a la humana, o vivir heroicamente, aun con el riesgo de perder la propia vida. Aquiles es el que elige lo segundo, incluso sabiendo que si va a Troya a luchar morirá; pero para Aquiles y para el griego en general, la vida no tiene sentido si no se entrega a una causa justa. El Héroe griego ama profundamente la vida, pero no teme la muerte, disfruta ardientemente cada instante en aras de alcanzar la suprema Areté (la suprema Virtud), pero no pone reparos cuando tiene que luchar: ¡Vencer o morir!, ahí reside la Gloria; lo peor, lo realmente terrible, es que la vida se desgrane entre sus manos y no haber vivido nada importante; como aquel guerrero que, caído en el campo de batalla, lleno de barro y sangre, lloraba, y siendo preguntado por la causa de su lamento, contestó: "Lloro porque voy a morir y no he hecho nada importante en mi vida". Ser Héroe es vivir lleno de esperanzas, creerse digno de grandes empresas, ser optimista, desdeñar las necesidades vulgares, amar la belleza, ser capaz de luchar por un Ideal o por un Sueño, romper las cadenas de materia que atan al hombre vulgar. Es elevar la mirada por encima del fango del mundo y lanzarla retadoramente a las estrellas. De ahí la imitación de aquellos que ya lo habían logrado. Los hombres imitan a los Héroes y éstos a los Dioses, un hombre llega a ser tal en la medida de que imita a un Héroe. Al encarnar un mito, el hombre participa de lo Sagrado. Tal vez hoy, en esta edad de Hierro en que vivimos, agobiada por la fatiga y la miseria… con arduas preocupaciones, donde continuamente se mezclan bienes con males, sea necesario volver la vista a la Edad Heroica, y tal vez, como dice un autor, "cada uno deba elegir su Héroe para emprender, siguiéndolo, el ascenso al Olimpo". Este pueblo mostró siempre un marcado gusto por las competiciones, como medio de ponerse a prueba y conseguir la Victoria, especialmente sobre sí mismo. Estas competiciones eran de todo tipo, desde las puramente físicas hasta las de carácter intelectual, poéticas o dramáticas. Todas, sin embargo, estaban envueltas por este halo mágico de lo sagrado. De alguna manera especial, las competiciones eran festividades religiosas donde a través del Culto se volvía a establecer un nuevo puente de unión con la Divinidad, y el sacrificio era el esfuerzo de los hombres y mujeres tratando de conseguir la Gloria. Para el pueblo griego, los Dioses contemplaban las competiciones y otorgaban la corona de laurel a aquellos que consideraban merecedores de portarla. Se dice que en Olimpia se podía oír la voz de Zeus en el murmullo del viento entre los olivos. Y precisamente van a ser las Olimpiadas la ceremonia de competición por excelencia, fundadas en las épocas míticas por Heracles. Pensamos que esa visión griega del hombre y de los valores necesarios para enfrentar la vida, así como de los métodos educativos adecuados para prepararle a conquistarse a sí mismo y su lugar en el mundo, aún no ha sido superada. El Ideal de "una mente sana en un cuerpo sano", de un "Hombre Bueno, Bello y Justo", sigue siendo una guía imprescindible para el hombre del siglo XX. Incluso su ciudad-tipo, Atenas, aquella de la cual los viajantes llegaron a decir que "allí todo es noble", es estudiada hoy por los pedagogos de la Postmodernidad como prototipo de la Ciudad Educativa, una de las últimas opciones a la crisis formativa actual. El griego buscaba una Educación integral en la cual no quedase aislado ninguno de sus componentes. Sobre todas las cosas, estaba la primacía de la Moral interior y la Aristocracia espiritual. Es Juliano, el último Emperador Neoplatónico, quien nos dijo: "El hombre bien dotado que haya recibido la Educación Clásica, será capaz de cualquier género de empresa; podrá muy bien contribuir al progreso de la ciencia, convertirse en un jefe político, un guerrero, un explorador, un héroe: es algo así como un regalo de los Dioses entre los hombres". |