OBRAS
Redactadas en prosa jonia –el dialecto griego considerado como el medio de comunicación intelectual más prestigiado en esa época–, hay una colección de 53 tratados contenidos en 72 libros, que recibe la denominación general de CORPUS HIPOCRATICUM (C.H.) o Tratados Hipocráticos.
En su mayor parte fueron escritos por el mismo Hipócrates y otros médicos de la Escuela de Cos de su misma generación (desde los últimos decenios del s. V hasta comienzos del s. IV). Otra cantidad mucho menor se atribuye a la primera generación inmediata de discípulos de la Escuela que dirigió el mismo Hipócrates.
Aunque los libros que conforman los Tratados Hipocráticos son generalmente breves, su totalidad hace una colección abultada para su época, en la que precisamente el texto escrito se impone como vehículo de la tradición cultural, relegando en gran parte la transmisión oral, que irá quedando aparentemente como un método arcaico de comunicación.
Son estos escritos los que nos llevan a un viejo problema: la «cuestión hipocrática» sobre si el mismo Hipócrates escribió algo, y si fue así, qué libros o tratados. Sobre este asunto, que merece un estudio aparte, diremos que desde muy antiguo se advirtió la gran diversidad temática, ideológica y estilística de los tratados agrupados en el C.H.
El C.H. se reunió por primera vez, históricamente, unos 200 años después de la muerte de Hipócrates, y tras una ruptura en la continuidad escolar de su escuela médica de Cos, se reunió la colección alejandrina.
Ni siquiera Galeno nos resulta «fiable» al tratar de atribuir la autoría a algunos tratados, ya que él escribe demasiado tarde (500 años después) y es sabido que no había destacado por su exactitud en la investigación histórica, por más que se considerara digno heredero del legado del Maestro de Cos. Y nosotros no lo pondremos en duda, ya que también pensamos que lo que Plotino representó para Platón, Galeno lo fue para Hipócrates.
Si alguno de los textos llamados hipocráticos fueron escritos o no por Hipócrates, es un problema que ha dejado de preocupar, ya que la respuesta al caso ni menosprecia ni realza la grandeza de Hipócrates. Basten para nosotros los testimonios, cercanos en el tiempo, del Maestro Platón, alabando y poniendo como ejemplo el método científico y las teorías de Hipócrates.
Platón nunca cita a ningún autor con indiferencia, sino que lo hace de memoria y cuando es muy interesante para la «ortodoxia filosófico-mistérica», como lo hacía con Heráclito, Anaxágoras, Parménides, Pitágoras y otros. La mayor referencia, la más extensa, está en el Fedro, donde Platón postula el procedimiento del análisis y de la atención a las partes y al todo, procedimiento válido para el cuerpo (medicina hipocrática) y para el alma (doctrina mistérica).
Otra referencia más breve pero contundente se encuentra en el Protágoras, donde lo nombra como ejemplo de un maestro en su oficio.
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