HAMBRE ENERGÉTICA No es que existan vampiros que chupen la sangre a la gente y la dejen sin energía. Hay otras formas de dejar exhausto al ser humano. El dinero es una forma de energía; es el resultado del trabajo de millones de personas que apenas manejan en parte ese dinero y lo que pueden adquirir con él. Hay una maquinaria que absorbe trabajo y dinero y, por lo tanto, la energía humana, produciendo esta otra forma de hambre. Hay poderosos grupos –de los que poco y nada sabemos – que manipulan el dinero. Hay impuestos elevados que agobian a los que trabajan, sin que los resultados de la aplicación impositiva sean siempre evidentes para los afectados. La energía humana está pobre, muy pobre. Otra vez hay esclavos, si es que en algún momento dejaron de existir. Los nuevos esclavos son los que no pueden parar de trabajar cada vez más horas para tener las mismas o menos cosas que cubran sus necesidades; sus amos no se dejan ver pero no por ello son menos crueles que aquellos de las novelas que todavía circulan en kioscos y librerías. Los nuevos esclavos son los jóvenes sin experiencia, son los mayores que mendigan trabajo porque no hay sitio para ellos, a menos que el sitio sea una bien disimulada explotación; son los que deben soportar todo tipo de humillaciones para mantener un puesto que les permita ganarse la vida o mantener un estatus que es la exigencia de valorización en determinadas sociedades. Y también siguen existiendo los otros esclavos, los de siempre, los seres humanos que se venden y se compran, los que pasan por las manos de unos y otros amos, los que son engañados con paraísos ficticios para acabar encadenados en ciénagas inmundas en medio de las más sofisticadas capitales del mundo. Son los que viven peor que los animales y a los que se mata sin piedad cuando ya no sirven para nada. El aire es energía y tenemos hambre de aire puro. Cada vez respiramos más porquerías y estropeamos alegremente la atmósfera, bien porque así se obtiene más dinero o porque así lo requieren las pruebas físicas, químicas o atómicas que desembocarán, por lógica, en más dinero. Hay una auténtica peste de hambre energética, enfocada ya sea en el aire que respiramos o en el dinero que no tenemos, que se traduce en cansancio, desánimo, fatiga, en un arrastrarse día a día en medio de un presente poco alentador o ante el fantasma de un futuro sin muchas esperanzas. |