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La mujer y el nuevo paradigma femenino
"Lo femenino nos invita a vivir las cosas terrenales como aspectos integrales de nuestra totalidad."



La mujer y el nuevo paradigma femenino

Ángela Gilardi

Tercera Sección

Lo femenino consciente evoluciona a través de la imaginación creadora y se relaciona con la vida y la energía renovadora. Cuando el arquetipo de lo femenino, en su expresión del amor, es activado, nos sentimos imbuidos con la vitalidad del amor, la belleza, la pasión y la renovación espiritual.

Jung afirma que la pérdida de un arquetipo hace sentir este “descontento de nuestra cultura” y nos atemoriza. Sin la vitalidad femenina, que equilibra el principio colectivo patriarcal, aparece la esterilidad. La creatividad y el desarrollo personal quedan sofocados.

Cuando lo femenino como polaridad equilibrante no es considerado, las estructuras sociales y psíquicas se convierten en mecánicas en exceso, políticas en exceso, militarizadas en exceso. El pensamiento, el juicio y la racionalidad se constituyen como los factores dominantes. La necesidad de realización, el sentimiento, el cariño o el cuidado de la Naturaleza quedan desatendidos. No hay equilibrio ni armonía en el interior ni en el exterior de uno mismo.

Hemos visto cómo el arquetipo femenino fue venerado en la antigüedad como Gran Madre, Señora de los Cielos y de la Tierra y lo sagrado de la Naturaleza, inclusive del mundo animal.

Cuando hay una pérdida de lo sagrado de la Naturaleza y de lo femenino, la sociedad lo expresa a través de imágenes de naturaleza demoníaca, como actualmente aparecen en todo el arte juvenil satánico y en el arte erótico, que ha perdido la dimensión sagrada para transformarse en expresión de lo animal y perverso.

Lo femenino y lo masculino en la conciencia

El reino de la Gran Madre sobre la conciencia permite el nacimiento del Yo sobre el ego animal.

Lo femenino nos ayuda a sacrificar la identidad del ego animal por la del yo humano y la del Ser. Nos invita a abandonar el enfoque del ego animal combativo en pos de nuestra conversión en individuos. Nos mueve a superar nuestro apego a la autonomía del ego animal, nuestro deseo de poseer y controlar todo, y finalmente el de identificarnos con nuestra personalidad efímera.

La energía masculina logra arrebatar del inconsciente la experiencia de la discriminación de la individualidad, de la capacidad de libertad y de elección. La energía del Gran Padre nos permite simplificar los mecanismos de supervivencia física y de bienestar.

La época patriarcal ha cumplido su objetivo evolutivo. Éste debió preceder al nacimiento de una feminidad consciente y al desarrollo de la totalidad humana. Recordemos que la energía heroica de lo masculino logra diferenciarse del abrazo de la Gran Madre, rompe el mundo psíquico y permite distinguir el “yo” del “tú”, el marido de la esposa, el macho de la hembra.

El alma se desarrolla mediante la atracción de los opuestos y su relación con ellos. Es decir, que la hegemonía del Gran Padre nos invita a recuperar el poder de la Gran Madre.

Mientras que lo masculino y lo patriarcal posibilitaron que emergiera la consciencia del “yo individual” desde las profundidades del útero de la Gran Madre, el despliegue de lo femenino dentro del alma permite a este “yo individual” empezar a retornar y a conectar con su ser más integro: cuerpo, alma y espíritu, y además le permite reconocer su relación con la comunidad humana.

Lo femenino como sabiduría impulsa a soltar amarras en lugar de poseer. A vivir la vida como un proceso más que como piezas estáticas, y puede llevarnos a profundizar en el morir, que es la condición previa de nuestro devenir.

Lo femenino siempre respeta y venera los Misterios de la Naturaleza, que son sus propios misterios, y muy rara vez atenta contra la Naturaleza. Lo femenino está sometido a la Naturaleza y es incapaz de alterar o cambiar el curso de los acontecimientos naturales. Lo femenino acepta plenamente lo que es. Sin lo femenino y su respeto por la manera de proceder de la Naturaleza, la ingeniosidad de lo masculino se volvería muy destructivo para la vida.

Lo femenino nos invita a vivir las cosas terrenales como aspectos integrales de nuestra totalidad. Contribuye a despertar nuestro sentido de la responsabilidad hacia la Tierra. El sentimiento de cuidar del planeta y no sólo explotarlo es fundamentalmente femenino.

Desarrollando en nuestro interior los hilos de la relación entre los opuestos, cielo y tierra, masculino y femenino, vida y muerte, consciente e inconsciente, lo femenino dará a luz comunidades con capacidad de ser.

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Última actualización:  
22 de septiembre del 2007
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