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La vida cotidiana en la antigua Roma
Las termas romanas eran verdaderos monumentos palaciegos a la higiene y al ocio, que encerraban, además de sus instalaciones propiamente dichas, bibliotecas, exposiciones de pintura y salitas de concierto
Baños de Trajano



La vida cotidiana en la antigua Roma

Jorge Ángel Livraga

Tercera Sección

Por lo demás las alcantarillas eran enormes, lo que impedía inundaciones. Testigo de ello es la Cloaca Máxima de Roma, de probable origen etrusco-romano, fabricada en piedra, en base a arquería de medio punto, que aún funcionaba perfectamente… después de unos veinticinco siglos de uso.

En ciudades como Pompeya, relativamente pequeñas y con bases pétreas, las rejillas de desagüe eran escasas y en los cruces de las principales calles había aceras de piedra que unían las otras comunes, con espacios para que pasasen, encarriladas, las ruedas de los carros.

Para la noche, la ciudad contaba con un alumbrado público en base a farolas de bronce, cilíndricas, cuyos velones se protegían – a manera de vidrios- con pantallas de que allí ejercían su profesión impidiendo la entrada a quienes presentasen síntomas de enfermedades venéreas, malformaciones o trastornos psíquicos. Estas casas públicas estaban anunciadas naturalmente, como si expendiesen cualquier otro servicio y tenían una zona estrictamente restringida dentro de la urbe. Lo mismo pasaba, aunque con menos rigor, con las panaderías, pescaderías y demás comercios. Aún las fastuosas casas de los ricos, solían tener, a ambos lados de la puerta principal, locales comerciales que alquilaban; y en los fondos, pequeños huertos, gallineros, conejeras y similares elementos para que sus habitantes no dependiesen exclusivamente de lo foráneo en su economía y alimentación. La sombra de los antiguas reyes-labriegos vivía latente en cada romano, aun en los demás alta condición.

Todos sabemos de las impresionantes Termas, verdaderos monumentos palaciegos a la higiene y al ocio, que encerraban, además de sus instalaciones propiamente dichas, bibliotecas, exposiciones de pintura y salitas de concierto. Aparte de ello, muchas casas romanas solían tener retrete y baño. Los había públicos para los que carecían de esas comodidades. Eran notables los retretes con agua corriente, y diseñados de tal manera que, sin ofender el pudor se introducía por un orificio un palo que sujetaba una esponja natural embebida en vinagre de vino y agua, que permitía la higiene personal. Por lo que sabemos, este servicio existía solamente para hombres y en cuanto a las llamadas Termas, tenían horarios diferentes para damas y caballeros. Todos estos servicios eran gratuitos y recompensados tan sólo con propinas.

Los circos, teatros y anfiteatros no eran de entrada gratuita, aunque en las festividades el pueblo entraba libremente.

Los romanos eran muy afectos a los espectáculos grandiosos, a los animales exóticos y a las batallas navales- simuladas en circos y anfiteatros inundados- llamadas “Naumaquias”. Uno de los juegos más apreciados era el de los gladiadores, en los que, siguiendo modelos que provenían de los Misterios etruscos, combatían hombres con determinados atributos, como ser los “Redarios”, “Tracios”, etc. Estas luchas terminaban, no pocas veces, con la muerte de alguna de ellos, pero eso no parecía ofender más la sensibilidad del pueblo romano que el toreo, con la agonía y muerte de la res, en España y países hispanoamericanos de hoy… ¡Misterios de la psicología colectiva!

En el mundo romano había libertad para todos los cultos religiosos reconocidos, que en época de Augusto sumaban unos trescientos, aparte de la religión oficial de la cual era Pontífice Máximo el propio Emperador. Las persecuciones que dieron tanto que hablar en siglos posteriores, no se producían por razones de fe, sino de orden público. Por ejemplo, al no existir en el Imperio los actuales medios de comunicación, la única manera de que el pueblo conociese el rostro y el nombre de su Emperador, era mediante la erección de un busto en la plaza central. Este hecho para los judíos y las sectas que de ellos habían emanado, constituía un sacrilegio, pues consideraban que se adoraba una efigie humana. Tal episodio, pueril para nuestra época, fue sin embargo la causa del levantamiento y ruina de Jerusalén, bajo el cerco de Tito.

Las comidas romanas no eran demasiado copiosas. Había banquetes impresionantes en casos muy especiales, en los palacios oficiales o particulares, pero normalmente se comía tres veces al día, siendo la más abundante la cena, de cuyas sobras se solía componer el desayuno; frutas, verduras y carnes livianas, eran la base de un almuerzo bastante tardío, como todavía hoy utilizan algunos países costeros del Mediterráneo. Aunque la caña de azúcar abundaba en India, y Roma tenía relaciones comerciales con Oriente, no se utilizaba, pero sí en abundancia la miel. Bebían vino mezclado con agua, zumos de frutas, un licor de miel y, aquellos que habían tenido contacto con galos, cerveza.

Para comer se utilizaban unos divanes amplios llamados “triclinium”, en cada uno de los cuales se podían acomodar tres personas recostadas sobre un codo. Solían sumar tres de estos muebles, dejando un paso abierto para los servidores y con una mesa baja en el centro. Empleaban cucharas, tenedores y cuchillos muy semejantes a los actuales, así como platos y fuentes. Las cocinas, en las casas bien montadas, eran muy semejantes a las que se usaban en el siglo XIX en Europa, teniendo como base una cocina “económica” que funcionaba con leña o carbón vegetal. Los utensilios eran también iguales o semejantes a los del siglo pasado, con algunas curiosidades; por ejemplo, las sartenes para freír huevos tenían depresiones, en su fondo, para contenerlos separadamente.

El vidrio era caro, por lo que en comidas normales se utilizaba poco, pero al contrario de lo que se creía hasta hace algunos años, se empleaba en las ventanas aunque ya es imposible saber cuánta transparencia tenían esas planchas.

El casamiento era a la vez civil y religioso; la mujer iba a vivir y se asimilaba a la casa de su esposo. Existía el divorcio cuando había mutua voluntad o por causas de inmoralidad comprobada.

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Última actualización:  
22 de septiembre del 2007
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