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Las Sectas

Delia Steinberg Guzmán

Primera Sección

Cada cierto tiempo, por una u otra circunstancia concreta o por la necesidad de cubrir espacios de información, salta el asunto de las sectas al aire. Se enardecen los ánimos, se conmociona la opinión pública, se ventilan algunos casos más o menos turbios, se inventan algunos otros más turbios todavía para condimentar el interés u luego se abandona el tema por un nuevo desastre de mayor actualidad.

No obstante, nada queda claro, y no por la voluntad de los medios de comunicación ni de las presuntas sectas, sino por la enorme dificultad que entraña el asunto en general. Hablar de sectas hoy, es como hacerlo de una plaga mortal aunque nadie atine a explicar con precisión de qué se trata ni cómo se puede huir de ella.

Si bien desgraciadamente inmersos en el juego de las opiniones sobre lo que es o pretende ser Nueva acrópolis, no podemos dejar de investigar en este u otros fenómenos que atañen a la sociedad, ya que tal es el motor de la actitud filosófica. Así surge esta breve aportación que no agota ni abarca todo lo que requiere la cuestión, pero esboza unos pocos aspectos modulares.

Un fenómeno permanente y universal

La palabra secta, aislada de las connotaciones peyorativas que hoy suelen acompañarla, indica un grupo que se separa de otro mayor, una rama de un árbol que se desprende y se convierte a su vez en un árbol más o menos grande.

Dicha secta o división deja de serlo en cuanto suma muchos seguidores y su teoría o postulación, sea la que sea, adquiere un reconocimiento generalizado, sin necesidad de que sea generalizada su aceptación.

La mayoría de las religiones que hoy existen en el mundo han comenzado como sectas, desarrollándose paulatinamente hasta adquirir el rango de religión reconocida; el presunto líder que les dio nacimiento, se convierte entonces en un enviado de dios, un iluminado o intercesor que, lejos de ser un falsario, ha trabajado por ayudar a la humanidad.

La mayoría de los partidos políticos que dominan el panorama mundial son escisiones de otros partidos anteriores; constituidos al principio como simples disidentes, fueron cobrando fuerzas hasta llegar al poder en múltiples oportunidades.

Y así podríamos agregar docenas de ejemplos que van desde escuelas de filosofía, corrientes científicas, empresas comerciales, etc., etc.

El fenómeno no es actual. A todo lo largo de la historia se registran movimientos similares. Tampoco podemos restringir el fenómeno a determinados países o continentes, o clases sociales o grupos humanos específicos. En cualquier rincón de la tierra, asumiendo sus lógicas características de asimilación al medio, existen, existieron y existirán sectas. El caso adquiere relevancia cuando la secta deja de ser un fenómeno natural para convertirse, por sí mismo o por decisión ajena, en un fenómeno peligroso que atenta contra la estabilidad social y la dignidad de las personas.

Por qué

Es complejo explicarlo. Hay quienes ven en las sectas una expresión «milenarista», una reacción propia del final de cada milenio, como si los límites temporales obligaran a la gente a volver sobre sí misma, sobre sus creencias y sus miedos, buscando paliativos a un temor subconsciente que no encuentra otra salida.

Otros relacionan las sectas con las llamadas «edades medias», período crítico de la historia como el que está viviendo nuestra civilización occidental, en que todos los valores tradicionales pierden su validez y no existen otros que los reemplacen. Basta con echar una mirada a la anterior Edad Media de la cuenca mediterránea para comprobar la proliferación de grupos de toda índole, desde místicos hasta terroristas, tal como en la actualidad.

Es evidente que una sociedad en decadencia deja de resultar atractiva a la gente. Por mucho que se insista en sentido contrario, todos necesitamos algunos valores para sustentar nuestras vidas. El que asume una forma de creencia, se aferra a ella como modelo y guía; el que no entiende ni participa de esa creencia, la considerará una aberración irracional y en cambio se atendrá rigurosamente a los criterios que sí acepta; o tal vez ni siquiera tenga criterios y se obsesione con ese vacío al punto de rechazar a todo el que no quiera hundirse en esa carencia.

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Última actualización:  
22 de septiembre del 2007
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