Muchas leyendas se inventaron alrededor de su muerte. Unos decían que sus colegas envidiosos habían contratado un rufián para que le siguiese a todas partes, durante la noche, con la intención de precipitarle a un abismo; otros cuentan que le dieron de beber vino emponzoñado. Lo cierto es que enfermó gravemente y que día a día su mal fue progresando. La muerte no le causaba horror y supo reconocerla cuando le llegó el momento, sin embargo le faltaba realizar el último trabajo. Disponía de algunos bienes, sus libros, su ropa, sus hierbas, su laboratorio y era preciso distribuir todo aquello con equidad. Como se veía imposibilitado de hacerlo legalmente en su laboratorio del Plaetz, alquiló una habitación espaciosa en la Posada del Caballo Blanco. Sentado en su lecho escribe en el primer artículo de su testamento: "El muy sabio y honorable Maestro Teofrasto de Hohenheim, doctor en Ciencias y Medicina, débil de cuerpo, sentado sobre un lecho de campaña, pero con lúcido espíritu, probo de corazón, cede su vida, su muerte, su alma, bajo la salvaguardia, y protección del Todopoderoso. Su fe inquebrantable espera que el Eterno Misericordioso no permitiría que los amargos sufrimientos, el martirio y la muerte de su único hijo, sean estériles e impotentes para la salud de éste su humilde siervo." A los tres días murió tranquilo diciendo, “La muerte es el fin de mi jornada laboriosa y la cosecha de Dios”. Murió el 24 de septiembre del año 1541. El Príncipe Arzobispo ordenó que los funerales se celebrasen con toda pompa. Nadie pudo negarle a Paracelso el título de verdadero sabio, pues con sus memorables investigaciones, supo arrancar los más recónditos secretos de la Naturaleza, secretos que hoy la ciencia empieza a redescubrir. Muchos de sus escritos han resultado ser proféticos. Fue un clarividente de grandes facultades y uno de los más ilustrados y eruditos filósofos y místicos. Médico y Mago Todas las grandes culturas han atesorado una extraordinaria sabiduría sobre Medicina Mágica. Desde tiempos inmemoriales en los monasterios tibetanos y chinos o en las Casas de la Vida egipcias y griegas, se han formado sacerdotes médicos, o médicos magos. Esta medicina como otras ciencias ocultas estaba reservada para los discípulos aceptados, y bajo estrictas exigencias recibían las enseñanzas de verdaderos maestros sabios. Jamás pueblo alguno difundió estos conocimientos a los hombres materialistas esclavos de sus vicios y pasiones. La medicina mágica se fundamenta en el conocimiento de las leyes universales que rigen todos los planos de la Naturaleza, de una Naturaleza pensada y ordenada por el Demiurgo, el arquitecto de esta maravillosa obra que llamamos Universo. Es su inteligencia la que se muestra en cada detalle de orden y equilibrio y con su propia vida la vitaliza. El Universo es el macrobios de Platón, es el gran ser vivo, el macrocosmos. El hombre es un microcosmos. De allí la estrecha analogía que existe entre el gran universo y el pequeño universo, entre el hombre celeste y el hombre terrestre. Para la medicina antigua el hombre está sano cuando todos sus planos están en armonía, cuando su cuerpo está en equilibrio. Esta medicina verdaderamente esotérica se fundamenta en el reconocimiento de la vida más allá de todas las formas materiales. ¿De dónde viene la Vida? Es evidente que no de nosotros. La vida es energía y la energía es Luz. Todo en el Universo es Luz, en diferentes planos de vibración, desde la más pura y metafísica, llamada Luz Espiritual, hasta la más densa expresada en los cuerpos opacos. Paracelso llamó a esta Luz el fluido u oro potable. |