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La mujer y el nuevo paradigma femenino
"Juntas, la Virgen María y María Magdalena forman un díptico de la idea patriarcal cristiana de la mujer."



La mujer y el nuevo paradigma femenino

Ángela Gilardi

Cuarta Sección

Lo femenino y las religiones actuales

Mientras que en lo religioso el paradigma patriarcal tiene la tendencia a crear un mundo “a su imagen y semejanza”, unilateral y fragmentado, la visión femenina reconoce, experimenta y recibe la totalidad. La naturaleza tejedora de lo femenino nos capacita para apreciar y explicar el sentido holístico del mundo que complementa la perspectiva masculina.

Las raíces del pensamiento cosmogónico griego influyeron en Occidente y en el pensamiento judeocristiano, en el que lo femenino es prácticamente evacuado del plano divino, dejando un creador exclusivamente masculino.

Allí donde el Dios es masculino y padre, lo religioso sólo está asociado con la ley, el orden, la civilización, el logos, la religión -y el patrón de vida que esto apoya-. Tiende a convertirse en una negación de la naturaleza, de lo instintivo, de los sentimientos, de Eros. Una religión así, lejos de unir y de integrar, lo convierte todo rápidamente en un instrumento de represión y de desintegración individual y social (Víctor White).

La actitud patriarcal, entrelaza con la imagen de un Dios masculino en su negación de lo femenino, de lo instintivo y del sentimiento, se convierte en una estructura jerárquica de palabras y dogmas presente en la mayoría de las religiones contemporáneas.

Para restaurar la imagen de lo femenino y sanarlo tenemos que darnos cuenta, en primer lugar, de que las imágenes existentes no son las más adecuadas para contener la totalidad de la fuerza apasionada de la vida.

Dos imágenes de lo femenino son prominentes en la Cristiandad Occidental: María Magdalena y la Virgen María. Juntas, la Virgen y Magdalena forman un díptico de la idea patriarcal cristiana de la mujer. No hay lugar en la arquitectura conceptual de la sociedad cristiana para la mujer en sí misma, una mujer que no sea ni una virgen ni una prostituta.

Desde este punto de vista, la maternidad y la sexualidad quedan divididas. La Magdalena, como Eva, llegó a la existencia bajo la poderosa resaca misógina que asocia a las mujeres con los peligros y la degradación de la carne. Por esta razón se convirtió en una santa querida y prominente. Ella ofrece esperanza a las mortales que no llegan al perfecto estado de la virgen y que solicitan ser perdonadas por sus pecados.

María Magdalena permanece como una prominente figura en la tradición cristiana también por razones psicológicas. La dimensión arquetípica de la naturaleza femenina erótica elige una figura donde colocar su proyección; María Magdalena es quien sirve de modelo. Los seres humanos, en su búsqueda espiritual, tienen que encontrar una imagen de lo femenino que se relacione con lo erótico de las antiguas diosas del amor. Pero la represión de los Padres de la Iglesia manipuló esta idea de la sexualidad, por lo que María Magdalena fue entonces vista como una penitente que renuncia a su sexualidad.

A diferencia del mundo antiguo, donde el amor erótico no era considerado incompatible con la espiritualidad, el mundo medieval negó el elemento más necesario para la renovación de la vida, el dinámico y transformador aspecto femenino de la psique.

La otra mitad del díptico describe a la Virgen Madre. Ella es la idealización de la feminidad, una persona de una pureza absoluta que nunca cae en el pecado. Aunque se muestra humana, la tradición decretó su ascensión a los cielos sobre-humanizándola.

Cuando volvemos a examinar los atributos de las diosas, desde las asociaciones de Sumeria a las elevadas civilizaciones de Grecia y Roma, descubrimos que las características que compartían eran la belleza física, la virginidad, la asociación con la Luna y con la muerte trágica y a veces el sacrifico del hijo-amante.

A María se la relaciona con el cosmos, con lo que a menudo es llamada la reina de los cielos. Para describir su celestial belleza, con frecuencia se la representa entronizada en la Luna. Se la asocia en primer lugar con su hijo, que es sacrificado; el rol de María como esposa es, en cambio, insignificante, por no decir nulo.

A pesar de estos paralelismos con la imagen de las diosas del mundo clásico, María es asociada sólo y convencionalmente con el aspecto maternal de lo femenino-estático protector. El aspecto dinámico y transformador, relacionado con la pasión, la sexualidad y la fertilidad de las diosas del amor, está conspicuamente vacío.

Estas imágenes influyen y se convierten en modelo y motor de las mujeres en el paradigma cristiano. Pero la ausencia de lo femenino en su totalidad se puede vislumbrar sobre todo en las culturas latinoamericanas, donde el arquetipo de la maternidad sigue siendo la motivación de las jóvenes; aunque esté ausente la idea de esposa, y en consecuencia de Mujer, lo maternal, protector y permisivo es el modelo, del cielo a la tierra.

La Virgen y la madre “protegen” al sicario (criminal a sueldo, generalmente de edades entre 16 y 25 años) para que su “trabajo” (el crimen) se realice eficazmente y sin riesgos para él.

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Última actualización:  
22 de septiembre del 2007
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