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El brillante Federico Chopin
Chopin frente a su piano



El brillante Federico Chopin

Luis M. Richart

Segunda Sección

Efectivamente Chopin, sin saberlo, sólo presintiéndolo, se alejaba ya para siempre de su querida Polonia, iniciando una largísimo gira de conciertos que le llevaron por las principales ciudades de Alemania, Austria, Francia, Inglaterra, y que sólo terminaría con su prematura muerte a los 9 años en el subyugante París de aquella época.

Se ha dicho que los dos grandes amores de Chopin fueron siempre la música y Polonia. Y es verdad que esos fueron sus amores ideales (idealizados). Pero como hombre y como artista, también sintió ese otro amor, el que inspiran las mujeres, y que le atormentó en diversas etapas de su vida. Así pasaron por su corazón desde las dulces amigas de su adolescencia, hasta esa bella mujer ya madura, bella e impetuosa, conocida en el ámbito social parisino con el pseudónimo varonil de George Stand, y que tanto influyó en la existencia de Chopin en la última década de su vida. Ella no fue, sin embargo, la mujer ideal que hubiera deseado el famoso compositor y pianista. De allí las acusadas divergencias entre ambos, que a veces llegaron a serios altercados, y que terminaron con un distanciamiento total de la pareja más famosa del siglo pasado. Y es que muy pocas mujeres saben amar y comprender a la vez a los grandes artistas. Y George Stand no supo darle a Chopin la dulzura, la ternura y la comprensión estimulante que el gran músico esperaba encontrar en aquellos ojos que tanto le fascinaron.

¿Y qué decir de la deliciosa música chopaniana? Además de belleza en grado sumo, encierra también un grandioso caudal de sentimientos. Con razón se ha dicho de Chopin, que es "un clásico del sentimiento". Precisamente por eso al escuchar su inmenso repertorio pianístico, no sabemos qué preferir: sus enérgicas y preciosas "polonesas" -ese cántico viril y poético a su patria oprimida-, o esos delicados "Nocturnos", sus sorprendentes "Mazurcas", sus deliciosos "Valses" -tan poco vieneses-, o ese torrente de sutiles armonías que encontramos en sus "Estudios", "Baladas", "Preludios", sin olvidar la divina "Berceuse", hasta llegar a la cúspide genial que son sus dos soberbios "Conciertos para piano y orquesta", de los que el propio Robert Schumann expresó su admiración.

Decía Mario Monreal, uno de los mejores pianistas españoles, en torno a Chopin: "Este músico fue tan excepcional, que supo crear con igual acierto obras para hombres, para mujeres, e incluso para los niños, porque ahí tienes, por ejemplo, sus alegres "Escocesas" y algunos de sus brillantes "Valses", que son música muy aplaudida por los chicos siempre que se les ofrece".

Sí, todo en la música de Chopin es seductor, intemporal y extraordinariamente bello.

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Última actualización:  
22 de septiembre del 2007
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