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La Historia de la Magia
Orfeo y Eurídice, acompañados de Hermes.



La Historia de la Magia

Delia Steinberg Guzmán

Cuarta Sección

Y, ¿cómo no hablar de Grecia? Si tuviésemos que sintetizar la magia de Grecia en una sola palabra, esa palabra sería "Belleza", "Armonía". Hay en todo lo griego, desde la más remota Antigüedad hasta la época helenística, un sentido de Belleza y Armonía, que no sólo tiene que verse en la forma, sino en el hombre que persigue la Belleza y la Armonía, porque aquel que busca, está tratando de buscar no sólo en la forma, sino lo que está más allá de la forma.

Desde remotas épocas, hay un mito que trata de la magia del hombre; es el mito de Prometeo. Este Prometeo que valientemente se asoma al 0limpo y roba el Fuego de los dioses para entregarlo a los hombres con el fin de que éstos puedan también tener "comprensión".

He aquí una de las claves del mito que, llega a una de las magias más serias, insertada en la simbología de todas las civilizaciones. El hombre está adormilado, adormecido, atemorizado, sin conocimiento; el hombre se siente pobre, desvalido, triste hasta que Prometeo, que simboliza a los Padres de la Humanidad, desciende, trae el Fuego, enciende de vida consciente al ser humano. El se arriesga ante los mismos dioses por el acto que acaba de cometer y que deberá pagar atado al Monte Cáucaso. Pero este acto satisface la generosidad de Prometeo, porque los hombres deben llegar a compartir el trono de los dioses.

Hay más magia en Grecia, imbricada en la mística de Orfeo y su Lira de Siete Cuerdas. La lira de siete cuerdas no es tan sólo un instrumento musical; es el hombre y sus siete vehículos, el hombre y sus siete componentes. Es el Hombre y su mágico "7" que aprende a tensar cada una de sus cuerdas a lo largo de su evolución. Aprende a producir sonido tras sonido, hasta que finalmente, en la Cúspide de su Ser, logra el Septenario, la Lira Mágica, la Belleza, el Sonido y el Color perfectos.

La magia de Grecia se transfunde a Roma; y así, como he sintetizado la magia griega con la palabra Belleza, sintetizaré la magia romana con otra palabra: "Virtud".

Virtud, de donde viene el término "viril", y para Roma, ser hombre no implicaba solamente llevar una toga; ser viril significaba fundamentalmente ser virtuoso, ser noble, ser limpio, ser dueño absoluto de cada uno de sus actos, responsable de cada uno de ellos. Por eso Roma plasmó su magia en el Templo de Vesta; en el Fuego que jamás debe de ser apagado; por eso Roma fundó su magia en la familia, en las vírgenes, en las madres, en esas matronas que eran la gloria del hogar, de su padre, de su esposo y de sus hijos, porque habían sabido mantener la pureza, la virtud. Porque habían sabido hacer que el Fuego no se apagase jamás.

También en América precolombina, a veces desconocida y poco profundizada, hubo magia y magos. Tanto es así que los primeros españoles que llegaron se sintieron atrapados y conquistados por lo que vieron, advirtiendo un extraño sentido y un profundo poder.

Su magia nos permite compararla con aquellas otras que hemos mencionado de Egipto, de Grecia, de Roma, de los Zoroastrianos y de China. Su magia les lleva a elevar pirámides, descubriendo una vez más el sentido oculto que existe entre el cuadrilátero que se apoya en la tierra, las caras triangulares que se elevan como llamas de fuego y la cúspide como vértice, el punto supremo de evolución.

También el Mundo Mediterráneo tuvo magia. ¡Cuántas veces habremos leído sobre los druidas y sus templos al aire libre! Los sacerdotes druidas no eran nada más que herederos y depositarios de una magia antigua, de aquella que plasmó los grandes dólmenes, las enhiestas piedras que nos siguen intrigando.

Y si pudiésemos hablar largamente de la Cábala, tendríamos más temas para la magia: la magia de las realizaciones del ser.

Si a las parábolas de Jesucristo nos refiriéramos, ¡cuánta magia no encontraríamos encerrada en ellas! Hay un maravilloso simbolismo oculto que se revela a los ojos del que las comprende y se esconde bajo la forma de un simple cuento para aquel que no puede penetrar más allá de la cáscara, pero no daña ni a unos ni a otros; cada cual recoge en ellas lo que puede y lo mejor para sí. ¿No hay acaso magia en aquello de Jesucristo y sus "discípulos-peces", esos peces que le siguen a lo largo del Río de la Vida, y que van a beber en sus Enseñanzas?

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Última actualización:  
22 de septiembre del 2007
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