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Paracelso: Mago, médico y alquimista
Entre estos importantes sabios del Renacimiento, encontramos a Paracelso, una de las figuras más relevantes de su época. La medicina, la botánica y la química le deben gran parte de sus avances y descubrimientos.



Paracelso: Mago, médico y alquimista

Beatriz Diez Canseco

Primera Sección

¿Quién fue Paracelso?

A mediados del siglo XIV, luego de unos mil años de formas medievales, brota una chispa de fuego que alumbraría el inicio de una nueva época. Un viento de libertad despierta las artes, ciencias y filosofías que habían vivido recluidas en claustros y abadías, bajo el control de papas y obispos.

Una radiante luz iluminó el corazón y la mente de seres excepcionales, que tuvieron el valor de promover un nuevo estilo de vida. Inspirados en los clásicos revitalizaron sus ideas fundamentales y aunque arquitectos, pintores y escultores, se ven obligados a colocarse una máscara cristiana, para realizar sus grandes obras, realidad que vemos reflejada en la cantidad de temas y motivos bíblicos, lo cierto, es que esta fuerza imparable se enfrentó a todas las dificultades del oscurantismo aun imperante, logrando colocar las semillas victoriosas de una nueva época a la que llamaron Renacimiento.

Fue una auténtica re-evolución, impulsada por una renovada fuerza espiritual que permitió al hombre resurgir para crecer y mejorar. El conocimiento debía estar al servicio de la humanidad, permitiéndole entender y ser parte de la naturaleza que lo rodeaba y del universo que lo contenía.

No siempre comprendidos, muchas veces perseguidos, los hombres que impulsaron el Renacimiento, fieles a su misión, pagaron muchas veces con su vida la osadía de reabrir las puertas al conocimiento. Pero que occidente, se hubiese sumido, durante varios siglos, en el oscurantismo e ignorancia, no significa que la Sabiduría se haya perdido para siempre o para todos. Importantes personajes como Pico de la Mirándola, Erasmo de Rótterdam, Leonardo Da Vinci, Paracelso, Giordano Bruno, Galileo y otros muchos, han pasado a la historia por su coraje, su valor y su fidelidad a la verdad.

Entre estos importantes sabios del Renacimiento, encontramos a Paracelso, una de las figuras más relevantes de su época. La medicina, la botánica y la química le deben gran parte de sus avances y descubrimientos. No sabemos con exactitud los detalles de su formación esotérica, se hacen muchas alusiones a viajes, a maestros astrólogos y alquimistas, pero más allá de todo lo que se narra sobre su vida, es seguro que Paracelso tuvo contacto con los sabios de oriente y fue iniciado en todos los secretos de la medicina, ya que su gran sabiduría sobrepasó a la de sus contemporáneos.

Su verdadero nombre fue Felipe Bombast Aurelio Teofrasto de Hohenheim, nació en Einsideln, Cantón de Zurich, Suiza, el 10 de noviembre de 1493.

El nombre de Paracelso se lo da su padre cuando todavía era muy joven, queriendo demostrar que su hijo era ya más sabio que Celso, médico célebre que vivió en tiempos del emperador Augusto, y aunque cuando muy raramente lo hubiese incluido en su firma, lo adoptó como propio rubricándolo en sus grandes Obras. Sus discípulos le Ilamaban Paracelso y ese nombre es el que apareció siempre en las controversias y en los ataques injuriosos de que fue victima.

Su padre, el doctor Hohenheim tenía una especial inclinación hacia la medicina natural y el uso de las plantas con gran poder curativo así como a todos aquellos métodos terapéuticos en contacto con la naturaleza. Esta preferencia lo llevó a compartir con su hijo numerosas excursiones y salidas al campo. Su padre, como Paracelso mismo lo menciona, fue su primer maestro, a él le debe sus primeras lecciones de latín, botánica, alquimia, medicina, cirugía y teología.

Estas tempranas experiencias en íntimo contacto con la naturaleza le dieron la oportunidad de descubrir y conocer los nombres y virtudes de las hierbas y plantas medicinales.

Orgulloso el padre, lo llevó en muchas ocasiones a la casa de sus amigos, con el fin de mostrar las cualidades intelectuales que adornaban a su hijo, pero contra lo que esperaba, Paracelso no se hacia simpático en ningún sitio, se mostraba esquivo a los halagos, brusco en el trato, huraño con las personas extrañas y hostil en la convivencia con los muchachos de su edad. En el único sitio donde se encontraba a gusto era en la abadía, porque descubrió una importante y nutrida biblioteca.

Estos recintos fueron testigos de su temprana inclinación al estudio de la ciencia, la filosofía y la metafísica; las obras y tratados sobre Pitágoras, Platón, Aristóteles y otros eminentes filósofos de la antigüedad, fueron alimentando su espíritu. Desde entonces, tuvo la extraña sensación de que estas enseñanzas estaban dirigidas a él y una misteriosa fuerza fue gestándose en su interior.

Siempre mostró una gran sensibilidad al dolor humano, narra una anécdota de su infancia que un día acompañó a su padre a una fundición, donde tenía que atender urgentemente a un enfermo,

–Ya que vas a ser médico, le dijo, es necesario que empieces a familiarizarte con el dolor ajeno.

Al llegar a la fundición se encontraron con un caso de tuberculosis muy avanzada que hacía inútil todo remedio, el hombre enfermo moriría en menos de una hora. Frente a esta inesperada situación el doctor Hohenheim quiso apartar a Paracelso de la agonía de su paciente y lo envió a recorrer la fábrica.

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Última actualización:  
22 de septiembre del 2007
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