Puede afirmarse que la batalla de las Termópilas fue uno de esos contados momentos de la historia que han marcado de un modo definitivo e indiscutible el futuro de la humanidad. El nombre del lugar significa "puertas calientes", y alude a las aguas termales que aún hoy día se encuentran en la zona. Según cuenta la tradición, hallándose Heracles próximo a la muerte, y sintiendo en su piel el ardor que le causaba la túnica del centauro Neso, se arrojó a un río próximo a Traquis (junto a las Termópilas), para extinguir el fuego que lo abrasaba; murió ahogado, pero las aguas del río conservaron su calor. Por extraña coincidencia, los espartanos, que se consideraban a sí mismos descendientes de Heracles, o heráclidas, también murieron allí, como el héroe; y es significativo el nombre de su rey Leónidas, pues el león -símbolo de realeza- fue el animal que dominó Heracles en uno de sus trabajos. El lugar era un paso estrecho entre las montañas y el mar; tenía una longitud de 2,5 Km. y en algunos puntos su anchura se reducía a tan solo 15 metros. Constituía la puerta de acceso a Grecia desde el Norte, y en el verano del año 480 a.C., el rey persa Xerxes conducía un numeroso ejército hacia allí. Según Herodoto el ejército persa lo componían más de dos millones de hombres, y para su avituallamiento dependía de la flota, por lo que ambas fuerzas -la de mar y la de tierra- debían avanzar coordinadamente, siguiendo la línea de la costa. Las tropas griegas en las Termópilas estaban formadas por unos siete mil hombres de diferentes ciudades, bajo el mando del Rey Leónidas, que iba acompañado de los trescientos espartanos de su guardia real. Al despedirse de su esposa, la reina Gorgo, esta le preguntó: -"¿Qué he de hacer si no vuelves? - Si yo muero cásate con uno digno de mi y ten hijos fuertes para que sirvan a Esparta"- respondió Leónidas. Los persas acamparon en las proximidades de la entrada del paso, y Xerxes envió a un jinete en misión de espionaje para observar a los griegos. Xerxes se quedó atónito al escuchar su informe. Los espartanos hacían ejercicios atléticos, limpiaban sus armas, y algunos se estaban peinando y arreglando el cabello. Después de tres días de espera, Xerxes envió un heraldo, que habló a Leónidas de la fuerza del ejército persa, le informó de que al día siguiente atacarían, y por último le invitó a rendirse diciéndole que el Gran Rey, en su generosidad, les perdonaría la vida si entregaban sus armas. -"¿Qué respuesta debo llevar al Rey?" -Preguntó el heraldo. -"ven a cogerlas"- dijo Leónidas. |