Contrariamente a lo que se ha hecho en nuestras sociedades, que es incluir en la educación del adolescente la llamada educación sexual, como una información mecánica del acto sexual y sus consecuencias, necesitaríamos volver a enseñar a despertar a la diosa del amor en el alma de los adolescentes para que puedan cumplir sus papeles de hombres y mujeres unidos por el Eros en toda su expresión sagrada. Recuperar la imagen de lo femenino en nuestras sociedades, desde el cielo hasta la tierra, es una misión sagrada que tarde o temprano tendremos que iniciar. No será fácil, ya que el patriarcado no está dispuesto a compartir su poder, aunque en las pasadas décadas se han dado algunos cambios significativos. La sanción debe venir del interior, en la integración con las imágenes antiguas de lo femenino, de manera tal que podamos relacionarnos con ellas a través de nuestra propia mitología interior. La mujer, expresión de lo femenino Julián Marías define a la mujer como “el espacio habitable”, “la creadora de la casa”. La mujer es la “llamada de la vida” a penetrar y quedarse en ella. Es el espacio forjador de vida, de amor, de sabiduría. La mujer es un “adentro” pero abierto; en ella se puede entrar, permanecer y salir. Así, todo espacio habitable, sea el templo, el hogar o la ciudad, son el reflejo de lo femenino y la mujer puede expresar su ser a través de ellos. La realidad de la “mujer” ha estado sujeta a interpretaciones que varían según la época y nuestra mayor o menor sabiduría sobre el tema. El concepto de mujer es una interpretación histórica y cambiante. Pero lo femenino es eterno. - La mujer es como un campo. Lleva en su cuerpo el conocimiento secreto de la fertilidad y del crecimiento de la vida en todas sus formas y expresiones. - La mujer es el vientre en el que se gestan las civilizaciones. Lo femenino trae al mundo las formas y las almas engendradas en sí misma. Las funciones de la mujer Muchas veces se ha confundido la definición de lo femenino con las funciones que puede o no ejercer la mujer. Estas son las más tradicionales: 1. La función de madre: está asociada a los elementos gestadores de los inicios, que por ello se perciben como incambiables. Desde el Cosmos hasta la Naturaleza, la imagen de la Madre es un arquetipo siempre presente, no cambia; por ello se dice que es la imagen estática de lo femenino. Hoy se valora esta función en extremo en las sociedades patriarcales. Para esta función la mujer es formada desde niña, y sobre todo para conquistar al hombre, quien le dará la posibilidad de su maternidad. 2. La función de esposa: en esta función la mujer suele ser poseída y pertenece a alguien. El esposo debe ocuparse de ella a cambio de otras obligaciones atribuidas a la esposa. Es la que lleva la casa, y este espacio será “su mundo y su expresión en el campo familiar”. Suyo es también el mundo social, el de la cortesía, la concordia, la amistad y sobre todo el mundo de la educación de los hijos, aunque este aspecto cambia según los momentos históricos y geográficos. En muchas de las sociedades actuales comprobamos que desgraciadamente la mujer sigue siendo considerada “propiedad” del esposo. |