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El Misterioso Arte de Vencer
El Arte de Vencer consiste en poder llegar a nuestras metas sin utilizar a los demás como peldaños.



El Misterioso Arte de Vencer

Jorge Ángel Livraga

Primera Sección

En el acto de estar erguido como una lanza que avanza contra el viento a través de la niebla, más allá de lo conocido y lo desconocido, reside el ser filósofo. Filósofo significa el enamorado de la Verdad, el enamorado de la Sapiencia, aquel que pone todas las cosas por debajo de la búsqueda de esa Sapiencia. Un enamorado tal vez no es un ser del todo inteligente, pero sí es un convencido de que va a llegar a la meta que se ha propuesto, alguien noble que trata con todas sus fuerzas de alcanzar aquello que se vislumbra más allá.

Hoy el tema que voy a tocar es el del misterioso o difícil Arte de Vencer. Cuando digo vencer, no me estoy refiriendo a vencer sobre nadie, abatir puertas, echar abajo murallas, sentir que otros son más débiles que nosotros, sino a algo mucho más profundo. Hace muchos años tuve un Maestro que me decía que el Arte de la Felicidad estaba en lograr objetivos, pero no a costa de otros, sin basarse en la infelicidad de los demás; y en cierta forma el Arte de Vencer consiste en poder llegar a nuestras metas sin utilizar a los demás como peldaños, sin encaramarnos sobre la cabeza de los débiles, sin pisotear a aquellos que aparentemente nos están cerrando el paso, sino de una manera muy diferente, de todo corazón y con toda fuerza. ¿Qué es este difícil o misterioso Arte de Vencer?

Hay personas que, parece ser, vienen al mundo con una estrella y todo les sale bien. Hay otras, en cambio, a las cuales les es muy difícil lograr cada cosa. Y encontramos a veces a los Elegidos de la Historia, que con su sola presencia pueden hacer verdaderos milagros.

Recuerdo un atardecer en Grecia, hace dos o tres años; en Macedonia, para ser más exacto. En ese atardecer rodaban mis lágrimas. Yo estaba en las ruinas de Filipópolis y estaba leyendo unos fragmentos de cartas de Filipo Sother. Filipo Sother narraba cómo ellos habían marchado con Alejandro, y que cuando lo hacían, en verdad podían realizar milagros, gestar maravillas, pero desde que Alejandro murió, ellos nada más que podían hacer pequeños prodigios. Querían ser grandes, pero no podían dejar de ser, de alguna manera, mediocres y pequeños. Ellos no podían decir que eran hijos de Amón, sino que eran hijos de hombre y de mujer.

Y cuántas veces, mis queridos amigos, cuántas veces nosotros nos encontramos en la vida queriendo hacer una proeza, algo maravilloso, pretendiendo avanzar de tal manera que todos nos vean, nos sigan, y sin embargo, tan sólo podemos dar pequeños pasos; cuántas veces querríamos cantar como cantan los mirlos, cuántas veces querríamos volar; y sin embargo, solamente salen de nuestra garganta pequeñas voces oscuras, o nos vemos limitados a tener que andar sobre nuestros pasos, andar y andar hacia ese horizonte que nunca acaba. De ahí entonces que nos preguntemos, de todo corazón, como filósofos, en qué consiste el Arte de Vencer. ¿Por qué algunos vencen y otros no lo pueden hacer?

Tal vez, mis queridos amigos, la vida sea como el cable del micrófono que tengo en las manos, del que uno no sabe exactamente qué longitud tiene, y hay que estar preparados y sensibilizados para notar cuándo llegamos al final, cuándo nos está avisando de alguna manera la adversidad de que hasta aquí podemos llegar.

El acto de vencer, entonces, no sería convertirnos todos en Alejandro, porque no todos podemos ser Alejandro, ni Alejandro puede ser tampoco cada uno de nosotros. Cada cual es lo que es, y el Arte consiste en ser lo que nosotros somos realmente, en nuestra verdadera, en nuestra propia dimensión, sea cual sea nuestro tamaño.

Todas las antiguas Culturas, las viejas Civilizaciones, tenían sistemas llamados de Iniciación, en los cuales se potenciaba al hombre. Por lo general, tenemos una idea bastante equivocada de lo que eran las antiguas Iniciaciones, creemos que consistían en, digamos, recetas, fórmulas; es decir, que se presentaba ante nosotros Pitágoras o Platón, y nos decía: «Tú te vas a levantar a tal hora, vas a comer un huevo de tal manera y luego vas a dormir de tal forma». No, desgraciadamente, parece ser que no era tan fácil, porque si no, muchos habrían llegado al final del camino. No, no era tan fácil, sino mucho más humano.

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Última actualización:  
22 de septiembre del 2007
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