Algo de historia Revisando un poco, recordemos, por ejemplo a la vieja China. Pueblo tan antiguo, civilización tan milenaria, que para los arqueólogos, cuanto más se excava, más "Chinas" se encuentran. En China, desde épocas inmemoriales, hubo un especial desarrollo de la magia y, sin referirme a sus orígenes remotos, mencionaré a dos grandes filósofos y magos chinos que condensaron en sus enseñanzas lo mejor de su sabiduría. Uno fue Confucio y el otro Lao-Tsé. Confucio es el prototipo de la magia, del ritual, del orden, de la organización, de todo lo que debe estar en su sitio y en su justa medida. Confucio es la ceremonia encarnada. Para él, cada acto del hombre, cada acto de la vida es una ceremonia que el hombre ofrenda a los dioses. Así, nada puede estar fuera de lugar, nada puede estar fuera de su sitio; todo tiene un "porqué", una razón de ser. Confucio nos habla, pues, de la magia de la unión y de la magia del rito. Recordemos que la palabra "religión", significa justamente "re-ligare", unir aquello que decía Confucio: el rito-Hombre al rito-Dios. Y otro gran sabio, Lao-Tsé, se fundamentaba en la magia del "Tao"; el Tao es el camino, es el sendero. No es un sendero físico. Hay una sola frase de Lao-Tsé que lo resume: "el sendero es el sendero y algo más". ¿Qué es ese "algo más"? Es tan simple como aquel que camina por el sendero, pues no hay sendero si no hay caminante; el sendero surge bajo los pies de aquel que lo recorre y entonces se genera la magia, una magia de evolución, una magia de crecimiento. Si nos vamos de China y penetramos en India, ¿qué magia y qué sabiduría no encontraremos? En sus famosos Vedas, y en especial el "Rig-Veda" -el más antiguo de ellos- se incluyen ceremonias para oficiar al Fuego como Primer Principio, como Chispa, como Luz que se abre en las tinieblas. Ese primer Dios que no tiene forma ni nombre, ni tiene posibilidad de ser captado por la mente humana, pero que sin embargo, es la Primera Luz que se ha abierto en el mundo manifestado. En India, una religión de todos conocida, el Budismo, encierra su propia magia. El Buda habló de una Gran Rueda, de la Rueda que la Primera Acción del Hombre puso en movimiento, pero que cuando el hombre haya aprendido el secreto de la acción, dejará de moverse. ¿Qué implica esta doctrina? Que todos los actos humanos están encadenados, obedecen a una causa y generan un efecto. Por lo tanto, todos los actos humanos, en su concatenación, ponen en movimiento esta rueda que el Buda llamó "La Rueda de la Ley", en la que cada acto viene de uno que es anterior y va hacia otro que es posterior, en la que nada hay que esté desunido, desencadenado. Aquí la magia está -como explicaban sus discípulos y como el Buda les explicó a ellos- en poder detener alguna vez esta Rueda. Detenerla de una manera simple: aprender el secreto de la acción, aprender que la acción se realiza por deber, no por recompensa. La recompensa puede venir o no y, lógicamente, va a venir; pero no es la recompensa lo que debe preocupar al ser humano. Mientras haya afán de recompensa, la Rueda se sigue moviendo y, mientras se sigue moviendo, el hombre sigue luchando, sufriendo, padeciendo, y angustiándose. Enseñó el Buda que hay una magia en la Cadena Humana. Todos los hombres conformamos una enorme cadena y en esta cadena, todo ser humano está unido fuertemente a aquel que está más arriba y a aquel que está un paso más abajo, no significando con ésto desigualdades -tal como hoy las entendemos en cuanto a desigualdades sociales- sino con otro criterio. El criterio de que todo hombre tiene un Maestro al cual debe unirse hacia arriba, y tiene también un discípulo al cual amorosamente puede atraer hacia sí. Y, cómo no referirnos -aunque sea muy brevemente- al que solemos llamar el País de la Magia. El nombre de Egipto ya es mágico. Este nombre con el que hoy lo conocemos, no es el verdadero. Los egipcios llamaban "Kem" a su tierra; luego, los griegos la llamaron "Egipto", que significa escondido, oculto, misterioso. |