SITUACIÓN GEOGRÁFICA PRIVILEGIADA Ningún país del mundo antiguo estuvo mejor colocado como Italia para acceder a la conquista del mundo: en medio del mar Mediterráneo, sirviendo de puente entre la Europa occidental de un lado y Grecia, Asia y África del otro. Su peculiar forma le permite disponer de un litoral larguísimo. Las costas del Adriático, inaccesibles, impedían la penetración de influencias orientales en la península. En las costas del mar Jónico, sólo Tarento ofrecía a las naves un puerto seguro. La verdadera fachada de Italia miraba al mar Tirreno: Liguria, Toscana y Campania. Italia es un país fundamentalmente montañoso. Los Apeninos la recorren en toda su extensión, llenándola de montañas en el norte y de mesetas en el sur y dotándola de una formación ondulada en la que han intervenido las fuerzas volcánicas, extinguidas hoy en el norte, donde tranquilos lagos duermen en los cráteres de los volcanes apagados, activos todavía en el sur, especialmente alrededor del golfo de Nápoles, donde el Vesubio no cesa de dar muestras, desde el año 79, de incansable actividad. El Estrómboli y el Etna son la continuación de esta zona volcánica. El nombre de Italia (tierra de bueyes), designó en la antigüedad sólo el sur de la península, donde había gran actividad de agricultura y crianza de animales. Los bosques que cubrían las pendientes de los Apeninos desaparecieron muy pronto a causa de la intervención humana, por lo que algunos paisajes tienen cierto aspecto de esterilidad. Entre las islas vecinas, la más importante por su fertilidad, situación y papel histórico fue Sicilia, tierra de transición, donde se pusieron en contacto influencias fenicias, griegas y romanas. |