El hijo favorito de Florencia Sandro Botticelli, hijo de Smeralda y de Mariano Filipepi, nace en Borgo Ognissanti, Florencia, el 1 de marzo de 1445. Se inicia en el taller de Fray Filippo Lippi, y permanece en él al menos hasta 1467. Parece bastante probable que entre 1468 y 1469 frecuentase el taller de Verrochio. De cualquier modo, a partir de 1470 Botticelli, tiene ya taller propio en Florencia. De los muchos encargos que le fueron encomendados a lo largo de su vida, resaltamos algunos de las más destacados: el 20 de enero de 1474, con ocasión de la fiesta de San Sebastián, se coloca en la nave de Santa María la Mayor de Florencia su San Sebastián. En 1475, en la plaza de la Santa Cruz, tiene lugar un torneo en que el vencedor, Juliano de Médicis, participa llevando un estandarte con una imagen de Palas pintada por Botticelli. Al año siguiente diseña los cartones para las taraceas del estudio de Federico de Montefeltro del palacio ducal de Urbino. En 1481 el Papa Sixto IV llama a Botticelli y a otros pintores florentinos a Roma. La presencia de estos artistas sella la paz entre Lorenzo y Sixto tras las tensiones subsiguientes a la conjuración de los Pazzi. El 27 de octubre se cierra un contrato según el cual Cosimo Roselli, Ghirlandaio, Perusino y Boticelli se comprometen a realizar los frescos de la Capilla Sextina para el 15 de marzo de 1482. A Botticelli le corresponde el segundo y el quinto panel de la pared derecha, donde pinta las Pruebas de Moisés, las Pruebas de Cristo y el Castigo de los rebeldes. Además, según Vasari, Sandro se ocupa de la dirección de los trabajos. En 1483 lleva a cabo, por encargo de Lorenzo el Magnífico, cuatro paneles con episodios de la historia de Nastagio degli onesti, según una narración de Boccaccio de la novela octava del El Decamerón. De 1487 es la pintura en forma circular para la sala de la Audiencia de la Magistratura de los Tesoreros del Palazzo Vecchio. En 1450 le convocan junto a Lorenzo di Credi, Ghirlandaio, Perusino y Alessio Baldovinetti como jurado en el concurso de proyectos para la fachada de la Catedral de Florencia. Lorenzo de Pierfrancesco encargó al pintor las ilustraciones para la Divina Comedia de Dante. Todo lo aquí expuesto no es sino una breve reseña de las labores que la ciudad de Florencia encomendase al más amado de sus hijos. Ello no exculpa históricamente a la ciudad del destierro de su otro Príncipe de las Artes, Dante Alighieri, que murió llorando su condena en Verona. Como Atenas con Sócrates y Anaxágoras, la ciudad gloriosa expulsó de su suelo patrio a su primogenitura más noble. El destino del filósofo es ser un errante que su tierra y su familia no reconocieron jamás. El 17 de mayo de 1510 Sandro Botticelli fue enterrado en Ognissanti. El primer Ángel de los pinceles renacentistas cruza el umbral hacia la Tierra de los Sueños. Un enigma perdido en la noche de los tiempos Aunque toda la obra del pintor trasunta ese delicado hermetismo platónico tan caro a los ojos del filósofo, rescatamos un leve ápice del enigma conservado en su obra La Fortaleza. Dato significativo es que se trata de la primera obra oficial documentada de Botticelli. Realizada por encargo de Soderini, hombre de los Médicis, La Fortaleza Encarna una de las Virtudes para la sede del Tribunal del Arte de Mercadería. Data de 1470. Bañada en admirable precisión pictórica, vela dulcemente su mayor secreto: Probablemente, este lienzo es un Tarot. Se les supone a los Tarots un origen egipcio, y se desconoce todo sobre ellos. Mercachifles, feriantes y brujas de pandereta aún hoy juegan a niños traviesos o se enriquecen traficando con materia sagrada. Portadores de riquezas simbólicas que el tiempo ha ido velando o recargando con prendas del peculiar folklore del momento, aún conservan el tesoro simbólico que grandes hierofantes perpetuasen para el hombre del futuro. Revestido de juego de salón, este prodigioso “Libro de Conocimiento” esquivó las feroces llamas de la intolerancia entre el regazo de las aburridas damas de la Corte. Cada una de estas milenarias imágenes resume un conjunto de símbolos que se anudan en un cuadro arquetípico que tiene un valor histórico, mítico, religioso, cosmogónico, etc. En cierto modo, conforman un conjunto muy similar en su intencionalidad al de los Hexagramas chinos del Yi Ching. El Tarot más cercano a la imagen egipcia probablemente sea el que resume la figura de un Hierofante ataviado con peplos que guardan un contenido geométrico y que está desgajando las fauces de un león. El parecido es mínimo. La semejanza surge cuando estudiamos ese otro Tarot renacentista que muestra una doncella y un león en mucho más cercana pose al eternizado por Botticelli. La ilustración recoge esta curiosa xilografía perteneciente a un juego provenzal renacentista que se supone basado en los desaparecidos prototipos góticos catalanes. Se define como “La Fuerza”. Pretende encarnar el Espíritu en su sentido abstracto y la Voluntad-Ley en su sentido práctico. Botticelli escogió el rojo y el negro, que son prácticamente los únicos colores empleados. La Dama se recubre de negra armadura con telas de tonos oscuros y manto rojo sangre. Su peinado imita fielmente el modelo del “sombrero” del naipe. Muestra la cabeza algo ladeada en idéntico ángulo y los motivos del cuello y el pecho son francamente parecidos. La posición de los brazos es idéntica, salvo que está invertida, y el león (Botticelli no podía representar una Virtud cristiana despedazando un león) lo disimula el manto que cae sobre las rodillas a modo de rojo espacio de fiereza y movimiento. Las manos, ocupadas en algo para conservar la pose, sostienen un negro cetro de autoridad. Firme y protectora en su semblanza, esta Guardiana del Poder, amén de su artística belleza, baña de luz pictórica el largo itinerario de un misterio casi perdido en la Noche de la Historia. |