¿Cuándo un conocimiento es útil?
A veces el Maestro Nasrudín trasladaba pasajeros en su bote. Un día un pedagogo exigente alquiló sus servicios para que lo transportara hasta la orilla opuesta de un anchuroso río.
Al comenzar el cruce, el erudito le preguntó si el viaje sería muy movido. - No me pregunte nada sobre eso
-le contestó Nasrudín.
- Se ve que no ha entendido lo que le pregunté. ¿Nunca aprendió usted gramática?
- No -dijo Nasrudín-
- En ese caso, ha desperdiciado la mitad de su vida.
Nasrudín no respondió. Al rato se levantó una terrible tormenta y el precario bote de Nasrudín se inclinó hacia su acompañante.
- ¿Aprendió alguna vez usted a nadar? -preguntó Nasrudín- - No, contestó el orgulloso pedagogo. - En ese caso, usted ha perdido TODA su vida, pues nos estamos hundiendo.
Esta pequeña historia nos deja una enseñanza para reflexionar: en ocasiones el hombre se limita a almacenar conocimientos, sin reparar si dichos conocimientos serán realmente de utilidad para la vida.
¿De qué nos sirve dedicar absolutamente todas nuestras energías a conseguir un título o ganar dinero, si no aprendemos además a tomar buenas decisiones, a cultivar buenas relaciones con los demás, a ser mejores y más felices?
Así como es importante estudiar para ser un buen médico, profesor, ingeniero... es necesario conocer en qué consiste nuestra condición humana, para comprender qué poderes y limitaciones tenemos, por qué nos suceden determinadas cosas y cómo podemos realizarnos verdaderamente.
Decía el filósofo Séneca que solo es útil el conocimiento que nos hace mejores.
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