01 de noviembre del 2006 08:06 hrs.
Redescubriendo Pompeya
Por: Nueva Acrópolis - Panamá
En la antigua Pomepya, los artistas pintaron la ciudad de rojo hace 2.000 años con un pigmento carmesí brillante que dominó muchas de las pinturas de la pared de la ciudad condenada. Ahora los científicos de Francia y de Italia están divulgando en el diario “Analytical Chemistry” (Química Analítica) por qué esas pinturas se están oscureciendo de forma misteriosa. La luz sincrotrón de la Instalación Europea de Radiación Sincrotrón (ESRF por sus siglas en inglés) en Grenoble (Francia) ha proporcionado nuevos estudios sobre este proceso y qué lo produce.
El 24 de agosto del año 79 d.C., el volcán Vesuvio entró en erupción enterrando las ciudades vecinas en piedra pómez y ceniza. La Villa Sora, en Torre del Greco, había dejado de existir desde entonces, hasta hace veinte años, cuando trabajos de excavación la trajo de nuevo a luz. En los restos de esta casa, el color rojo distintivo de los frescos de la pared se tornaron de color negro en muchos lugares desde la excavación en un proceso rápido de degradación que no se comprendía científicamente.
Los científicos se han estado preguntando por muchos años porqué el rojo de las paredes en Pompeya, hecho de cinabrio (del latín cinabar, bermellon por su color, también conocido como cinabarita, es un mineral de la clase de los sulfuros, su fórmula química es HgS o sulfuro de mercurio), se transforma en color negro.
Ya en el Ier siglo a.C., Vitruvio, en su tratado “De Architectura”, menciona el problema, que en aquel momento, se prevenía aplicando una clase de barniz protector basada en la “cera púnica”.
Las causas y los mecanismos responsables del cambio de color del cinabrio han sido un misterio hasta ahora; por lo tanto los conservadores no pueden evitar que el fenómeno suceda. La respuesta más aceptada es que la exposición al sol transforma cinabrio en otra composición química, metacinabrio, que se presenta en un color negro.
Un equipo Franco-Italiano de investigadores ha estudiado recientemente cuatro muestras de pintura de la pared de la Villa Sora usando la luz del sincrotrón de ESRF para verificar si esta suposición era correcta.
El equipo descubrió que la composición química en los pedazos alterados era totalmente diferente al metacinabrio, y que diversas e importantes reacciones químicas habían ocurrido en las muestras. Por una parte, el cinabrio había reaccionado con cloro produciendo la formación gris de compuestos basados en cloro ymercurio. El cloro vino del mar y posiblemente de la “cera púnica”. Por otra parte, la sulfatación de la calcita dio lugar al desarrollo de la capa negra en la superficie de la pintura.
Los científicos profundizaron sus observaciones e investigaron un corte transversal de una de las muestras para trazar la profundidad de la alteración de la pintura. Ellos se percataron que esta capa era solamente de alrededor de 5 micrones de grueso y por debajo el cinabrio permanecía intacto.
El clima y la contaminación
¿Entonces qué hace que el rojo se torne en negro tan rápidamente? “La distribución química de las muestras no es estable, lo que significa que las condiciones atmosféricas desempeñan probablemente un papel en este cambio de colores”, explica Marine Cotte, la primera autora del estudio. “El sol influencia de seguro en este proceso, pero la lluvia también puede afectar”, agregó ella. La contaminación atmosférica o las actividades bacterianas también pueden contribuir en los mecanismos de la sulfatación.
“La investigación realizada en el ESRF tiene una importancia extraordinaria no sólo para la conservación de las pinturas de la pared de la Villa Sora, pero en general para la preservación de las pinturas romanas de los muros descubiertos en los sitios arqueológicos romanos más importantes (tales como Pompeya y Herculano)”, explica Corrado Gratziu, profesor emérito en geología, con una especialización en petrología (rama de la geología que se preocupa del estudio de las rocas desde el punto de vista genético y de sus relaciones con otras rocas), en la Universidad de Pisa, y quién también forma parte del equipo.
Los experimentos realizados en el ESRF necesitaron un muy rayo muy pequeño e intenso (de 100 μ a menos de 1 μ) e intensa para detectar concentraciones bajas de elementos y proporcionar información química detallada. Esos experimentos fueron efectuados con los rayos x microscópicos (ID21) combinando las técnicas del mapeo fluorescente de rayos x microscópicos con la espectroscopia de absorción de rayos x microscópicos. El primer fue utilizado para detectar la presencia de la cloro y del sulfuro, el último para identificar su composición y evolución química.
Esta investigación todavía está lejos de estar terminada: “El paso siguiente es examinar más muestras y no sólo de frescos en el sitio arqueológico sino también en los museos. De esta manera, podremos comparar los resultados y establecer mejor las causas de su degradación”, explica Marine Cotte.