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El Nolano


Giordano Bruno

He luchado; es mucho... La Victoria yace en manos del destino; sea de mí lo que fuere, y quienquiera que sea vencedor, las eras futuras no negarán que no temí a la muerte ni fui segundo de nadie en cuanto a constancia, y preferí una muerte animosa a una vida cobarde.

 

 

 

De Monade


Entrevista con la historia: Giordano Bruno

Marielena Ramírez C.

Primera Sección

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Habla la historia: Se me encomendó guardar celosamente en los anales de mi memoria los hechos vividos por la humanidad en todas las épocas y lugares de este ínfimo y pequeño trozo de universo llamado Tierra. Soy la Musa de la Historia y mi responsabilidad es: transmitir fielmente lo sucedido, pues como Historia, no tengo religiones que proteger, ni menos aún, Reyes ni nombres que defender. Mi intención va mucho más allá, es descontaminada, positiva y atribuye a cada uno lo que le pertenece. La Historia no juzga. Sólo al tiempo le corresponde levantar los velos que ocultan la ignorancia, la superstición y el fanatismo.

He visto a hombres construir templos para acercarse a los dioses, a niños juguetear en brazos de sus protectores padres, a jóvenes corretear por la playa tras las huellas del amor, a hombres clavar sus espaldas en la arena pidiendo a Dios hazañas grandiosas que realizar en nombre de los débiles y desamparados, a hombres soñar con construir estados donde se le rinda culto a lo bueno, bello y justo, a mujeres dedicar su vida a formar hombres fuertes por dentro ,que sepan tragar amargo y escupir dulce… También he visto correr lágrimas y sangre, y el dolor y el sufrimiento envolver –como ardientes llamas- los frágiles cuerpos de aquellos a quienes el destino les tiene trazadas la ruta del dolor…

Hoy, busco en el fondo del tiempo y traigo a mi memoria un nombre… Giordano Bruno… El Fraile Dominico de Nola… os invito a recordar…

Giordano: Ciudad de Nola, sur de Nápoles, mi amada Italia. Corría el año 1548 y mis padres Giovanny y Fraulisa Savolina me dieron el nombre de Filipo. Los primeros años de mi niñez y primera juventud coinciden con el primer esplendor del Renacimiento Italiano. Al cumplir 12 años, abandoné mi ciudad natal para dirigirme a Nápoles y en la Universidad Libre estudiar ciencias humanas, lógica, dialéctica y las demás disciplinas propias de mi tiempo. Mas sin embargo, el cielo de Nola, sus colinas, sus campos, el brío de sus habitantes, serán la dulce memoria que habré de conservar toda mi vida. Fue mi último adiós. Nunca más volvería…

Ya en Nápoles, a los 17 años vestí mis hábitos de Novicio en la Orden de los Dominicos, en el Convento de San Dominico Mayor y adopté el nombre con el cual me reconocerán: Giordano. Me inquieté por los planteamientos de Pitágoras, El “Divino” Platón, su discípulo Aristóteles, así mismo bebí en las fuentes de Plotino, los Estoicos, el Médico y Alquimista Ramón Llul, el Abad Gioachino, el Cardenal Nicolás de Cusa y Copérnico. Empezó mi mente a especular con respecto a los misterios del universo; mi naturaleza fantástica, intuitiva, intranquila y poco dócil me hacían actuar de manera tal que mi comportamiento comenzó a crear fricciones con mis compañeros frailes. Mi carácter no era adaptable a las exigencias del claustro, ya que no era sumiso ni conformista, no estaba de acuerdo con las imágenes religiosas y solamente tenía por válido el crucifijo. Se encendió la llama de la rebeldía y, total, me instauraron un primer proceso disciplinario, pero gracias a mi corta edad, me absolvieron. Me ordené Sacerdote a los 24 años y a los 27 me doctoré en Teología. Se acrecentaron mis dudas con respecto a los dogmas de la Iglesia y específicamente con las del Misterio de la Santísima Trinidad y de la Encarnación, así que, me instauraron un segundo proceso disciplinario y hube de huir a Roma al Convento Minerva pues, la tristemente célebre llamada “Santa Inquisición” venía tras de mí. Mi época de aprendizaje había terminado.

Se inició aquí mi largo peregrinar por toda Europa ,huyendo del brazo secular de la Iglesia Católica, pues mis escritos y mi pensamiento no acordes con sus planteamientos, hacían de mí un hombre peligroso, que no compartía los errores en los que está eregida parte de mi religión. Os recuerdo que el medioevo, esta oscura y fría época nacida tiempo atrás, estaba dando sus últimos estertores.

Ingresé, ya sin hábitos, a Ginebra, Francia, Inglaterra, Alemania y Praga y cual caballero andante, emprendí mi ruta con un objetivo muy claro cual era el difundir mis ideales, hacerme escuchar e intentar sembrar las semillas de un pensamiento nuevo, libre y antidogmático.

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Última actualización:  
18 de febrero del 2006
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