Habla la historia: Giordano, ¿Qué puedes relatar de todo este largo peregrinar? ¿Qué Musas te inspiraron en tu largo trasegar por tierras europeas? Giordano: Os relataré a grandes rasgos las ciudades que más huella marcaron en mi ser, ya por las críticas, ya por el apoyo de que fui objeto. Entre los años 1578 y 1583 anduve por la católica Francia, en donde encontré terreno neutral para desarrollar el arte Lluliano de la memoria y la imaginación y ponerlo al servicio de la nemotecnia y de la retórica, al punto que el Rey Enrique III quedó deslumbrado por mis proezas memorísticas y se interesó abiertamente en mí. Fui nombrado profesor extraordinario y los 5 años que disfruté del afecto y cortesía de esta tierra, fueron de una importancia extraordinaria para mi filosofía. En Inglaterra, recuerdo a hombres con quien tuve la oportunidad de departir sobre mis teorías. Entré a la refinada corte y trabé amistad con Shakespeare, Phillip Sydney favorito de la reina Isabel y otros personajes más. Escribí en mi idioma natal – el italiano- las 6 obras filosófico-artísticas que me iban a convertir en el más grande escritor filosófico de mi siglo, aunque… este hecho no me fuera reconocido en vida. Las escribí para un tiempo que comprendía poco, pero sembré las semillas a germinar en un futuro, que espero será nuevo y mejor. Mis obras están impregnadas de pródiga riqueza, con mixtura de melancolía y humor, con el mismo estilo excéntrico y sobrecargado de este siglo que veo morir: - “Purgatorio del infierno”, no la imprimieron. - “Cena de la Ceneri” (La Cena de las Cenizas). Esta obra surgió de una discusión en un suntuoso banquete en la casa de Folco Creville, el día de las Cenizas, 1584. - “Della causa, principio ed uno”. - “Del infinito, universo e mondi” - “Spaccio della bestia triunfante”. - “Cabala del Cavallo Pegaseo”. - “Degli eroici furori” |